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El primer mes
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¡Ya sos mamá! La alegría por la maternidad está acompañada de miles de dudas y temores acerca de cómo cuidar al bebé recién nacido. La familia te acompaña en este período lleno de chupetes y cambios de pañales. Ingresá en esta sección para tener información sobre lactancia, cómo lograr el sueño y cómo favorecer la estimulación del bebé. |
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Luisana: un milagro de la medicina
Luisana es un milagro de tan sólo 1770 gramos. Nació el 12 de agosto en el Hospital Austral luego de un embarazo que resultó ser un desafío para el equipo médico. Se conocen tan sólo 15 casos de embarazos triple con siamesas, y es el primero en el que se salva a la tarcera beba sin agredir al bebé enfermo.
"En las primeras ecografías ya vimos que una de las bebas venía con anencefalia - cuenta Alejandra Sánchez, la madre de 33 años que protagonizó esta historia.- En ese momento, creíamos que eran dos... Pero a las 20 semanas, cuando me hicieron otra ecografía, resultó que eran siamesas.” Alejandra mira a su hija con el amor de cualquier madre, pero sabe que su hija es especial, sabe que su hija es un milagro de la ciencia.

En el Hospital Austral la recibió el doctor Adolfo Etchegaray cuando cursaba la semana número 24 de embarazo. "La revisión morfológica detallada de los bebes reveló que la siamesa tenía una patología incompatible con la vida, porque padecía anencefalia (carecía de cerebro y estaba unida a su siamesa por la cabeza y el tronco) -cuenta-. La otra beba era aparentemente normal." Decidieron luchar por el bebé sin agredir a las siamesas. Esto significaba cuidar la salud de la tercera beba hasta que el riesgo de parto precoz fuera menor. Y lo lograron.
El problema era que los bebes con anencefalia no tragan líquido amniótico, porque para eso es imprescindible que esté formado el cerebro. "Para que el líquido amniótico se mantenga en un volumen constante, el bebe deglute y orina dentro de la panza de la mamá. Si hay una obstrucción en el esófago o en el intestino, comienza a acumularse, con el riesgo que esto implica para el curso normal del embarazo", explica.
Según el especialista, lo difícil era explicarle a la mamá que las otras bebas, las siamesas, estaban poniendo casi en una situación de inviabilidad a la sana, ya que el líquido iba a empezar a acumularse en el saco de las siamesas y esto aumentaría la presión en el útero.
Como el útero interpreta en qué semana del embarazo está a partir de la presión que ejerce el líquido amniótico, esto podría provocar un parto prematuro en la semana 24 o 26, cuando, aunque algunos bebes pueden sobrevivir, lo hacen con una alta tasa de secuelas. El plan de los médicos fue controlar el embarazo semanalmente, para detectar en qué momento el riesgo de parto se hacía demasiado alto, ya que el tratamiento disponible para evitarlo -el amniodrenaje, la extracción de líquido amniótico- tiene un riesgo bajo, pero que no es cero.
"En el fondo, está comprando tiempo para que el embarazo llegue hasta una semana aceptable -explica-. A esa altura, cada día que el bebe permanece en la panza de la mamá le agrega un 1% de sobrevida. Por otro lado, tampoco podíamos esperar demasiado porque la siamesa seguía creciendo y hacer una cesárea a dos bebas pegadas podía ser muy agresivo para la madre,"comenta Etchegaray.
Aunque sólo una de las bebas podía sobrevivir, el equipo médico del Hospital Austral nunca olvido que sus pacientes eran más: la beba sana, la siamesas y la madre. "Los siameses son una rareza embriológica -dice Etchegaray-. Se salvan sólo casos anecdóticos. El problema es que había otro bebe sano en el mismo barco... El tema era tratar de protegerlo, respetando al bebe enfermo, que también era nuestro paciente, aunque viviera dos minutos o dos años".
Comenta también que durante los 30 minutos que vivió la siamesa, esta tuvo el tratamiento digno que merece todo ser humano. Fue aceptada por sus padres y tuvo un nombre: Vanesa. “Incluso sus padres tuvieron la posibilidad de bautizarla”, concluye el médico.
"Pensé que iba a llevar más tiempo, pero parece que el miércoles ya nos vamos. Los hermanos no la conocen y están esperándola para malcriarla", sonríe la mamá.
Fuente: Diario La Nación, Diario Clarín
Fotos: Hospital Austral
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Luisana: un milagro de la medicina
Luisana es un milagro de tan sólo 1770 gramos. Nació el 12 de agosto en el Hospital Austral luego de un embarazo que resultó ser un desafío para el equipo médico. Se conocen tan sólo 15 casos de embarazos triple con siamesas, y es el primero en el que se salva a la tarcera beba sin agredir al bebé enfermo.
"En las primeras ecografías ya vimos que una de las bebas venía con anencefalia - cuenta Alejandra Sánchez, la madre de 33 años que protagonizó esta historia.- En ese momento, creíamos que eran dos... Pero a las 20 semanas, cuando me hicieron otra ecografía, resultó que eran siamesas.” Alejandra mira a su hija con el amor de cualquier madre, pero sabe que su hija es especial, sabe que su hija es un milagro de la ciencia.

En el Hospital Austral la recibió el doctor Adolfo Etchegaray cuando cursaba la semana número 24 de embarazo. "La revisión morfológica detallada de los bebes reveló que la siamesa tenía una patología incompatible con la vida, porque padecía anencefalia (carecía de cerebro y estaba unida a su siamesa por la cabeza y el tronco) -cuenta-. La otra beba era aparentemente normal." Decidieron luchar por el bebé sin agredir a las siamesas. Esto significaba cuidar la salud de la tercera beba hasta que el riesgo de parto precoz fuera menor. Y lo lograron.
El problema era que los bebes con anencefalia no tragan líquido amniótico, porque para eso es imprescindible que esté formado el cerebro. "Para que el líquido amniótico se mantenga en un volumen constante, el bebe deglute y orina dentro de la panza de la mamá. Si hay una obstrucción en el esófago o en el intestino, comienza a acumularse, con el riesgo que esto implica para el curso normal del embarazo", explica.
Según el especialista, lo difícil era explicarle a la mamá que las otras bebas, las siamesas, estaban poniendo casi en una situación de inviabilidad a la sana, ya que el líquido iba a empezar a acumularse en el saco de las siamesas y esto aumentaría la presión en el útero.
Como el útero interpreta en qué semana del embarazo está a partir de la presión que ejerce el líquido amniótico, esto podría provocar un parto prematuro en la semana 24 o 26, cuando, aunque algunos bebes pueden sobrevivir, lo hacen con una alta tasa de secuelas. El plan de los médicos fue controlar el embarazo semanalmente, para detectar en qué momento el riesgo de parto se hacía demasiado alto, ya que el tratamiento disponible para evitarlo -el amniodrenaje, la extracción de líquido amniótico- tiene un riesgo bajo, pero que no es cero.
"En el fondo, está comprando tiempo para que el embarazo llegue hasta una semana aceptable -explica-. A esa altura, cada día que el bebe permanece en la panza de la mamá le agrega un 1% de sobrevida. Por otro lado, tampoco podíamos esperar demasiado porque la siamesa seguía creciendo y hacer una cesárea a dos bebas pegadas podía ser muy agresivo para la madre,"comenta Etchegaray.
Aunque sólo una de las bebas podía sobrevivir, el equipo médico del Hospital Austral nunca olvido que sus pacientes eran más: la beba sana, la siamesas y la madre. "Los siameses son una rareza embriológica -dice Etchegaray-. Se salvan sólo casos anecdóticos. El problema es que había otro bebe sano en el mismo barco... El tema era tratar de protegerlo, respetando al bebe enfermo, que también era nuestro paciente, aunque viviera dos minutos o dos años".
Comenta también que durante los 30 minutos que vivió la siamesa, esta tuvo el tratamiento digno que merece todo ser humano. Fue aceptada por sus padres y tuvo un nombre: Vanesa. “Incluso sus padres tuvieron la posibilidad de bautizarla”, concluye el médico.
"Pensé que iba a llevar más tiempo, pero parece que el miércoles ya nos vamos. Los hermanos no la conocen y están esperándola para malcriarla", sonríe la mamá.
Fuente: Diario La Nación, Diario Clarín
Fotos: Hospital Austral
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Luisana: un milagro de la medicina
Luisana es un milagro de tan sólo 1770 gramos. Nació el 12 de agosto en el Hospital Austral luego de un embarazo que resultó ser un desafío para el equipo médico. Se conocen tan sólo 15 casos de embarazos triple con siamesas, y es el primero en el que se salva a la tarcera beba sin agredir al bebé enfermo.
"En las primeras ecografías ya vimos que una de las bebas venía con anencefalia - cuenta Alejandra Sánchez, la madre de 33 años que protagonizó esta historia.- En ese momento, creíamos que eran dos... Pero a las 20 semanas, cuando me hicieron otra ecografía, resultó que eran siamesas.” Alejandra mira a su hija con el amor de cualquier madre, pero sabe que su hija es especial, sabe que su hija es un milagro de la ciencia.

En el Hospital Austral la recibió el doctor Adolfo Etchegaray cuando cursaba la semana número 24 de embarazo. "La revisión morfológica detallada de los bebes reveló que la siamesa tenía una patología incompatible con la vida, porque padecía anencefalia (carecía de cerebro y estaba unida a su siamesa por la cabeza y el tronco) -cuenta-. La otra beba era aparentemente normal." Decidieron luchar por el bebé sin agredir a las siamesas. Esto significaba cuidar la salud de la tercera beba hasta que el riesgo de parto precoz fuera menor. Y lo lograron.
El problema era que los bebes con anencefalia no tragan líquido amniótico, porque para eso es imprescindible que esté formado el cerebro. "Para que el líquido amniótico se mantenga en un volumen constante, el bebe deglute y orina dentro de la panza de la mamá. Si hay una obstrucción en el esófago o en el intestino, comienza a acumularse, con el riesgo que esto implica para el curso normal del embarazo", explica.
Según el especialista, lo difícil era explicarle a la mamá que las otras bebas, las siamesas, estaban poniendo casi en una situación de inviabilidad a la sana, ya que el líquido iba a empezar a acumularse en el saco de las siamesas y esto aumentaría la presión en el útero.
Como el útero interpreta en qué semana del embarazo está a partir de la presión que ejerce el líquido amniótico, esto podría provocar un parto prematuro en la semana 24 o 26, cuando, aunque algunos bebes pueden sobrevivir, lo hacen con una alta tasa de secuelas. El plan de los médicos fue controlar el embarazo semanalmente, para detectar en qué momento el riesgo de parto se hacía demasiado alto, ya que el tratamiento disponible para evitarlo -el amniodrenaje, la extracción de líquido amniótico- tiene un riesgo bajo, pero que no es cero.
"En el fondo, está comprando tiempo para que el embarazo llegue hasta una semana aceptable -explica-. A esa altura, cada día que el bebe permanece en la panza de la mamá le agrega un 1% de sobrevida. Por otro lado, tampoco podíamos esperar demasiado porque la siamesa seguía creciendo y hacer una cesárea a dos bebas pegadas podía ser muy agresivo para la madre,"comenta Etchegaray.
Aunque sólo una de las bebas podía sobrevivir, el equipo médico del Hospital Austral nunca olvido que sus pacientes eran más: la beba sana, la siamesas y la madre. "Los siameses son una rareza embriológica -dice Etchegaray-. Se salvan sólo casos anecdóticos. El problema es que había otro bebe sano en el mismo barco... El tema era tratar de protegerlo, respetando al bebe enfermo, que también era nuestro paciente, aunque viviera dos minutos o dos años".
Comenta también que durante los 30 minutos que vivió la siamesa, esta tuvo el tratamiento digno que merece todo ser humano. Fue aceptada por sus padres y tuvo un nombre: Vanesa. “Incluso sus padres tuvieron la posibilidad de bautizarla”, concluye el médico.
"Pensé que iba a llevar más tiempo, pero parece que el miércoles ya nos vamos. Los hermanos no la conocen y están esperándola para malcriarla", sonríe la mamá.
Fuente: Diario La Nación, Diario Clarín
Fotos: Hospital Austral
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Luisana: un milagro de la medicina
Luisana es un milagro de tan sólo 1770 gramos. Nació el 12 de agosto en el Hospital Austral luego de un embarazo que resultó ser un desafío para el equipo médico. Se conocen tan sólo 15 casos de embarazos triple con siamesas, y es el primero en el que se salva a la tarcera beba sin agredir al bebé enfermo.
"En las primeras ecografías ya vimos que una de las bebas venía con anencefalia - cuenta Alejandra Sánchez, la madre de 33 años que protagonizó esta historia.- En ese momento, creíamos que eran dos... Pero a las 20 semanas, cuando me hicieron otra ecografía, resultó que eran siamesas.” Alejandra mira a su hija con el amor de cualquier madre, pero sabe que su hija es especial, sabe que su hija es un milagro de la ciencia.

En el Hospital Austral la recibió el doctor Adolfo Etchegaray cuando cursaba la semana número 24 de embarazo. "La revisión morfológica detallada de los bebes reveló que la siamesa tenía una patología incompatible con la vida, porque padecía anencefalia (carecía de cerebro y estaba unida a su siamesa por la cabeza y el tronco) -cuenta-. La otra beba era aparentemente normal." Decidieron luchar por el bebé sin agredir a las siamesas. Esto significaba cuidar la salud de la tercera beba hasta que el riesgo de parto precoz fuera menor. Y lo lograron.
El problema era que los bebes con anencefalia no tragan líquido amniótico, porque para eso es imprescindible que esté formado el cerebro. "Para que el líquido amniótico se mantenga en un volumen constante, el bebe deglute y orina dentro de la panza de la mamá. Si hay una obstrucción en el esófago o en el intestino, comienza a acumularse, con el riesgo que esto implica para el curso normal del embarazo", explica.
Según el especialista, lo difícil era explicarle a la mamá que las otras bebas, las siamesas, estaban poniendo casi en una situación de inviabilidad a la sana, ya que el líquido iba a empezar a acumularse en el saco de las siamesas y esto aumentaría la presión en el útero.
Como el útero interpreta en qué semana del embarazo está a partir de la presión que ejerce el líquido amniótico, esto podría provocar un parto prematuro en la semana 24 o 26, cuando, aunque algunos bebes pueden sobrevivir, lo hacen con una alta tasa de secuelas. El plan de los médicos fue controlar el embarazo semanalmente, para detectar en qué momento el riesgo de parto se hacía demasiado alto, ya que el tratamiento disponible para evitarlo -el amniodrenaje, la extracción de líquido amniótico- tiene un riesgo bajo, pero que no es cero.
"En el fondo, está comprando tiempo para que el embarazo llegue hasta una semana aceptable -explica-. A esa altura, cada día que el bebe permanece en la panza de la mamá le agrega un 1% de sobrevida. Por otro lado, tampoco podíamos esperar demasiado porque la siamesa seguía creciendo y hacer una cesárea a dos bebas pegadas podía ser muy agresivo para la madre,"comenta Etchegaray.
Aunque sólo una de las bebas podía sobrevivir, el equipo médico del Hospital Austral nunca olvido que sus pacientes eran más: la beba sana, la siamesas y la madre. "Los siameses son una rareza embriológica -dice Etchegaray-. Se salvan sólo casos anecdóticos. El problema es que había otro bebe sano en el mismo barco... El tema era tratar de protegerlo, respetando al bebe enfermo, que también era nuestro paciente, aunque viviera dos minutos o dos años".
Comenta también que durante los 30 minutos que vivió la siamesa, esta tuvo el tratamiento digno que merece todo ser humano. Fue aceptada por sus padres y tuvo un nombre: Vanesa. “Incluso sus padres tuvieron la posibilidad de bautizarla”, concluye el médico.
"Pensé que iba a llevar más tiempo, pero parece que el miércoles ya nos vamos. Los hermanos no la conocen y están esperándola para malcriarla", sonríe la mamá.
Fuente: Diario La Nación, Diario Clarín
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Luisana: un milagro de la medicina
Luisana es un milagro de tan sólo 1770 gramos. Nació el 12 de agosto en el Hospital Austral luego de un embarazo que resultó ser un desafío para el equipo médico. Se conocen tan sólo 15 casos de embarazos triple con siamesas, y es el primero en el que se salva a la tarcera beba sin agredir al bebé enfermo.
"En las primeras ecografías ya vimos que una de las bebas venía con anencefalia - cuenta Alejandra Sánchez, la madre de 33 años que protagonizó esta historia.- En ese momento, creíamos que eran dos... Pero a las 20 semanas, cuando me hicieron otra ecografía, resultó que eran siamesas.” Alejandra mira a su hija con el amor de cualquier madre, pero sabe que su hija es especial, sabe que su hija es un milagro de la ciencia.

En el Hospital Austral la recibió el doctor Adolfo Etchegaray cuando cursaba la semana número 24 de embarazo. "La revisión morfológica detallada de los bebes reveló que la siamesa tenía una patología incompatible con la vida, porque padecía anencefalia (carecía de cerebro y estaba unida a su siamesa por la cabeza y el tronco) -cuenta-. La otra beba era aparentemente normal." Decidieron luchar por el bebé sin agredir a las siamesas. Esto significaba cuidar la salud de la tercera beba hasta que el riesgo de parto precoz fuera menor. Y lo lograron.
El problema era que los bebes con anencefalia no tragan líquido amniótico, porque para eso es imprescindible que esté formado el cerebro. "Para que el líquido amniótico se mantenga en un volumen constante, el bebe deglute y orina dentro de la panza de la mamá. Si hay una obstrucción en el esófago o en el intestino, comienza a acumularse, con el riesgo que esto implica para el curso normal del embarazo", explica.
Según el especialista, lo difícil era explicarle a la mamá que las otras bebas, las siamesas, estaban poniendo casi en una situación de inviabilidad a la sana, ya que el líquido iba a empezar a acumularse en el saco de las siamesas y esto aumentaría la presión en el útero.
Como el útero interpreta en qué semana del embarazo está a partir de la presión que ejerce el líquido amniótico, esto podría provocar un parto prematuro en la semana 24 o 26, cuando, aunque algunos bebes pueden sobrevivir, lo hacen con una alta tasa de secuelas. El plan de los médicos fue controlar el embarazo semanalmente, para detectar en qué momento el riesgo de parto se hacía demasiado alto, ya que el tratamiento disponible para evitarlo -el amniodrenaje, la extracción de líquido amniótico- tiene un riesgo bajo, pero que no es cero.
"En el fondo, está comprando tiempo para que el embarazo llegue hasta una semana aceptable -explica-. A esa altura, cada día que el bebe permanece en la panza de la mamá le agrega un 1% de sobrevida. Por otro lado, tampoco podíamos esperar demasiado porque la siamesa seguía creciendo y hacer una cesárea a dos bebas pegadas podía ser muy agresivo para la madre,"comenta Etchegaray.
Aunque sólo una de las bebas podía sobrevivir, el equipo médico del Hospital Austral nunca olvido que sus pacientes eran más: la beba sana, la siamesas y la madre. "Los siameses son una rareza embriológica -dice Etchegaray-. Se salvan sólo casos anecdóticos. El problema es que había otro bebe sano en el mismo barco... El tema era tratar de protegerlo, respetando al bebe enfermo, que también era nuestro paciente, aunque viviera dos minutos o dos años".
Comenta también que durante los 30 minutos que vivió la siamesa, esta tuvo el tratamiento digno que merece todo ser humano. Fue aceptada por sus padres y tuvo un nombre: Vanesa. “Incluso sus padres tuvieron la posibilidad de bautizarla”, concluye el médico.
"Pensé que iba a llevar más tiempo, pero parece que el miércoles ya nos vamos. Los hermanos no la conocen y están esperándola para malcriarla", sonríe la mamá.
Fuente: Diario La Nación, Diario Clarín
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Luisana: un milagro de la medicina
Luisana es un milagro de tan sólo 1770 gramos. Nació el 12 de agosto en el Hospital Austral luego de un embarazo que resultó ser un desafío para el equipo médico. Se conocen tan sólo 15 casos de embarazos triple con siamesas, y es el primero en el que se salva a la tarcera beba sin agredir al bebé enfermo.
"En las primeras ecografías ya vimos que una de las bebas venía con anencefalia - cuenta Alejandra Sánchez, la madre de 33 años que protagonizó esta historia.- En ese momento, creíamos que eran dos... Pero a las 20 semanas, cuando me hicieron otra ecografía, resultó que eran siamesas.” Alejandra mira a su hija con el amor de cualquier madre, pero sabe que su hija es especial, sabe que su hija es un milagro de la ciencia.

En el Hospital Austral la recibió el doctor Adolfo Etchegaray cuando cursaba la semana número 24 de embarazo. "La revisión morfológica detallada de los bebes reveló que la siamesa tenía una patología incompatible con la vida, porque padecía anencefalia (carecía de cerebro y estaba unida a su siamesa por la cabeza y el tronco) -cuenta-. La otra beba era aparentemente normal." Decidieron luchar por el bebé sin agredir a las siamesas. Esto significaba cuidar la salud de la tercera beba hasta que el riesgo de parto precoz fuera menor. Y lo lograron.
El problema era que los bebes con anencefalia no tragan líquido amniótico, porque para eso es imprescindible que esté formado el cerebro. "Para que el líquido amniótico se mantenga en un volumen constante, el bebe deglute y orina dentro de la panza de la mamá. Si hay una obstrucción en el esófago o en el intestino, comienza a acumularse, con el riesgo que esto implica para el curso normal del embarazo", explica.
Según el especialista, lo difícil era explicarle a la mamá que las otras bebas, las siamesas, estaban poniendo casi en una situación de inviabilidad a la sana, ya que el líquido iba a empezar a acumularse en el saco de las siamesas y esto aumentaría la presión en el útero.
Como el útero interpreta en qué semana del embarazo está a partir de la presión que ejerce el líquido amniótico, esto podría provocar un parto prematuro en la semana 24 o 26, cuando, aunque algunos bebes pueden sobrevivir, lo hacen con una alta tasa de secuelas. El plan de los médicos fue controlar el embarazo semanalmente, para detectar en qué momento el riesgo de parto se hacía demasiado alto, ya que el tratamiento disponible para evitarlo -el amniodrenaje, la extracción de líquido amniótico- tiene un riesgo bajo, pero que no es cero.
"En el fondo, está comprando tiempo para que el embarazo llegue hasta una semana aceptable -explica-. A esa altura, cada día que el bebe permanece en la panza de la mamá le agrega un 1% de sobrevida. Por otro lado, tampoco podíamos esperar demasiado porque la siamesa seguía creciendo y hacer una cesárea a dos bebas pegadas podía ser muy agresivo para la madre,"comenta Etchegaray.
Aunque sólo una de las bebas podía sobrevivir, el equipo médico del Hospital Austral nunca olvido que sus pacientes eran más: la beba sana, la siamesas y la madre. "Los siameses son una rareza embriológica -dice Etchegaray-. Se salvan sólo casos anecdóticos. El problema es que había otro bebe sano en el mismo barco... El tema era tratar de protegerlo, respetando al bebe enfermo, que también era nuestro paciente, aunque viviera dos minutos o dos años".
Comenta también que durante los 30 minutos que vivió la siamesa, esta tuvo el tratamiento digno que merece todo ser humano. Fue aceptada por sus padres y tuvo un nombre: Vanesa. “Incluso sus padres tuvieron la posibilidad de bautizarla”, concluye el médico.
"Pensé que iba a llevar más tiempo, pero parece que el miércoles ya nos vamos. Los hermanos no la conocen y están esperándola para malcriarla", sonríe la mamá.
Fuente: Diario La Nación, Diario Clarín
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