
A casi todas las mamás les ocurre que, al comenzar a dar el pecho, experimentan molestias e irritaciones producto de la succión frecuente del bebé. Sin embargo, diversas estrategias naturales pueden ayudar a aliviar esos efectos.
Son elementos fundamentales para el cuidado del pezón
Agua
El agua corriente, sin otro agregado, bastará para la higiene diaria de los pezones, ya sea durante el embarazo como en el período de lactancia.
Lubricación
El pezón y la aréola poseen una grasitud natural que los mantiene lubricados durante el embarazo. Es aconsejable no utilizar jabones o productos que contengan alcohol o glicerina, ya que eliminan esa protección natural. Tampoco es recomendable usar cepillos y esponjas, porque tienden a secar y cortar la delicada piel del pezón.
Después del baño, se aconseja aplicar alrededor del pezón el propio calostro o crema de caléndula.
Aire
Airear los pezones sirve para fortificar la delicada piel que los recubre y para prevenir la sensibilidad que tienen algunas mujeres en esta zona.
Mantener los pezones aireados utilizando un corpiño para amamantar con la tapa bajada, o colocando los escudos aireadores entre la mama y el corpiño.
Es recomendable que el corpiño sea de algodón y que sostenga, sin comprimir.
Sol
Exponer los pezones directamente al sol (no a través de un vidrio) ayudará a fortificarlos.
Conviene empezar con tomas de cinco minutos hasta llegar a los veinte minutos diarios.
Es importante respetar los horarios seguros para la exposición solar.