Si la leche no es extraída en la misma proporción en que se produce, pueden aparecer algunas afecciones que requerirán un poco más de atención. Sin embargo, en ningún caso obligan a interrumpir la lactancia. Pueden presentarse las siguientes:
- Taponamiento de los conductos

Se manifiesta por la presencia de durezas en algunas partes del pecho. La zona afectada se ve enrojecida, la mama está sensible al tacto pero no hay fiebre.
¿Cómo puede resolverse?
- Colocando compresas tibias en la zona afectada antes de amamantar.
- Masajeando la zona afectada, antes y después de dar el pecho.
- Evitando el uso de corpiños con aro o muy ajustados.
- Utilizando diferentes posiciones en cada toma.
- Colocando el mentón del bebé orientado en dirección a la dureza, porque de esta manera se facilita el drenaje.
- Amamantando con frecuencia.
- No presionando con los dedos el pecho (en caso de sostenerlo con la mano al dar de mamar).
Los pezones pueden estar más sensibles después del parto, además de expuestos a las succiones frecuentes y vigorosas del bebé. Sin embargo, amamantar no tiene por qué dejar de ser una experiencia relajante y placentera.
¿Qué se puede hacer en caso de dolor?
- Extraer un poco de leche antes de colocar al bebé al pecho.
- Mantener los pezones libres de sustancias irritantes y tóxicas que pueden producir eczemas o alergias de contacto.
- Colocar, luego de amamantar, crema de caléndula o una gota de la propia leche sobre el pezón y la aréola. No es necesario lavar los pezones antes o después de amamantar.
- Utilizar una buena técnica de lactancia (posición).
- Si las molestias persisten, consultar con el médico.