Son las tres de la tarde, no hace tanto frío como en los últimos días. Es una tarde linda, con sol. Toco el timbre de una casa antigua del barrio de Once. Me abre la puerta una trabajadora social que se llama Dolores Montiel. Hace tiempo que habíamos coordinado la visita, y por fin nos estábamos encontrando. “Al fin nos conocemos. Vení, subí a la oficina. Blanca ya viene, está acostando a los chicos”. Mientras subimos las escaleras se pueden escuchar algunos llantos de bebés que se resisten a dormir la siesta. Pero, pronto se callan. Están tranquilos y abrigados, descansando.
Nos sentamos en su oficina, calentita, austera, con muchas fotos de mamás con sus hijos. En eso pasa un médico joven, busca unos folletos y Dolores me dice “Viene a charlar con las chicas sobre el HIV”. Nos vamos soltando y emocionada comienza con su relato. El Hogar de Nazareth es una casa en donde se alojan madres adolescentes que no tienen otro lugar a dónde ir. Muchas de ellas vienen de vivir situaciones abusivas o de violencia familiar o de calle. Son derivadas al hogar por decisión del Consejo de los derechos del niño y adolescentes que depende de la Dirección general de niñez y adolescencia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El Hogar, es de una organización civil sin fines de lucro, que se encarga de dirigir, acompañar, escolarizar y reinsertar a las mamás con sus hijos. La afluencia de las chicas es constante. Llegan desamparadas, se mejoran, recuperan su dignidad -el valor por su persona y de su cuerpo-, y se van. El hogar es, solo un lugar de paso. Pero la estadía, a muchas, les salva la vida.
La casa cuenta con 11 habitaciones con baño para cada mamá. Las asisten una coordinadora general, una directora, una psicóloga y una asistente social. Entre todas, con mucho afecto y disciplina encauzan a las madres adolescentes que vienen al hogar con todo tipo de carencias afectivas y físicas.
El proceso se inicia con el llamado de la Dirección de la niñez que les avisa que tienen una candidata para ingresar. Si hay lugar, es bienvenida. Cuando llega, lo primero que hacen es asignarle un cuarto y un baño. Y para esa mamá se abre un mundo que hasta ese momento era desconocido. De repente pasan a tener una cama, una cuna para su hijo, y una ducha de agua caliente. Además, comienzan a vivir en un entorno de tranquilidad, cobijo, y otras mamás que están en su misma situación.
El ladrón de mamaderas
“¿Llevás la cuenta de cuántas madres pasaron por acá?”, le pregunto a Dolores, y ella me contesta, con la voz vacilante que no. Que prefiere no llevar la cuenta. “Pasaron muchas. Pero todo es muy movilizante. Me acuerdo particularmente de Juancito (nombre ficticio) que llegó con su mamá embarazada y otra hermanita más. Ellos venían de una situación de calle. Hacía 6 meses que vivían a la intemperie. Era tal el hambre que tenía Juan, de un año y dos meses, que cada vez que veía a una mamá dándole la mamadera a su hijo, corría a arrebatársela para luego esconderse en un rincón a deglutirla en un minuto. Y cuando él ya la había tomado, salía a buscar otra, para su hermanita. Tuvimos que enseñarle a comer con tranquilidad, a no desesperar. Hace un año y medio que se fueron y cada tanto vienen de visita”.
“Dolores, ¿qué necesitás para ellas?, le pregunto ya con ganas de formar parte de la generosidad que las mueve a sacar adelante a estas mamás. “Mirá, necesitamos que ellas confíen en que pueden insertarse en el mundo sin recurrir a la prostitución. Necesitamos que vean que pueden trabajar de otra cosa. Hace un tiempo, logramos que una mamá ingresara en una pasantía en VISA, en atención al cliente. Hace unos meses nos contó que la habían efectivizado”.
Sigue con su relato y me cuenta que el año pasado, tocó la puerta en los cines de Village Recoleta y logró que la empresa les diera a todas las mamás una charla sobre cómo conseguir empleo. “Fue emocionante verlas cómo se prepararon y se vistieron para asistir a esa charla. Dos mamás consiguieron quedarse ahí trabajando. Una en el puesto de pochoclos y otra como acomodadora”.
El hogar tiene condiciones que las mamás deben respetar al ingresar. Estas son normas de convivencia y horarios. Además, todas deben concurrir al secundario para terminar sus estudios.
“Hay una mamá que quiere ser Chef, y queremos ayudarla”. Con esto vamos cerrando la visita. Nos levantamos de su oficina y me pasea por el Hogar. La cocina, la sala de usos comunes, las habitaciones. Nos cruzamos con las chicas,… tan jóvenes, y muchos bebés. Bajamos la escalera, me despido y me voy con ganas de volver. ¡Cuánta gente buena, y qué poco se sabe de ella! ”. Cruzo la calle y siento mi corazón conmovido. Cuánta crudeza, pero también qué ilusión. Pienso que seguramente haya un montón de personas solidarias, pero que no saben cómo ayudar. Tal vez....este sea un buen comienzo.
María Inés Soldano
PUENTE SOLIDARIO MATERNA
Si querés ayudar:
Hogar de Nazareth , Av. Belgrano 2944
Teléfono: 011- 4931-1795
Contacto: Blanca Pistán