La llegada del primer hijo es una experiencia inolvidable en todo sentido. Este concepto parece una obviedad. Pero lo que no es tan “claro como el agua “es la idea de cómo van a reaccionar tanto la flamante mamá, como el flamante papá en el puerperio y más.
Si bien a la madre este momento la tiene como protagonista, los bebés no vienen con el manual de sabiduría bajo el brazo, con lo cual, los desbordes emocionales y las inseguridades son muy frecuentes, esperables y normales.
Ni hablar del papel del padre, que en menos de una semana, tiene que hacer un curso acelerado de comprensión de la mamá en el puerperio, y otro para los primeros pasos con el bebé.
Es por eso, que siempre es bueno, refrescar la idea de expectativas razonables para la nueva etapa que comienza.
Hace poco, leía en una revista de mujeres muy buena, una madre que contaba cómo su marido le daba un repasador de la cocina para limpiar el vómito de su bebita inmaculada ante su verdadero espanto. Pero supo comprender que frente a la situación, él intentó hacer lo mejor posible. ¡Qué bueno!
Es importante una charla clara y sincera sobre lo que espera cada uno sobre su pareja. Y es importante también, saber transmitir las necesidades.
Nunca será mal recibido un: “Estoy desbordada, y no sé cómo hacer todo lo que tengo que hacer, necesito que me des una mano con lo siguiente” o… “Soy nuevo en este papel, y preciso que me guíes porque estoy aprendiendo”.
Si uno puede parar la mano para detenerse a pensar el mensaje que quiere transmitir, seguramente se llegue a buen puerto.
Mucha suerte, y feliz viaje, o ….feliz paternidad.