
Nos muestran vidas de ricos y famosos que no nos ofrecen un mensaje interior que nos enriquezca, que nos haga crecer, que nos guíe.
Estamos desorientados… pero poco a poco aparece una luz de esperanza, tenue pero firme. Conocemos a alguien que nos conmueve, que a través de su vida nos señala un camino con argumentos atractivos, sugerentes, repletos de sentido. Hoy es uno, mañana dos, pasado tres. No aparecen en la televisión, en la radio o en las revistas, pero allí están; silenciosos, discretos. Los vemos en su casa, en su barrio, en el colegio, en el trabajo, en una misión. La mayoría son anónimos; otros no tanto. No son grandes intelectuales, no se paran en púlpitos ni dan discursos; sólo son y hacen.
¿De dónde procede esa fuerza que nos atrae hacia ellos? ¿Qué es lo que nos lleva a querer conocer la fuente de su alegría, la intensidad de su amor? Son sus obras; ellos hacen de su vida un ejemplo que todos queremos seguir. Ellos le dan alas a nuestra personalidad, nos hacen mejores.

Su testimonio de vida nos resulta convincente; queremos poner nuestra mano allí donde ellos la han puesto, nuestros pies en sus huellas, nuestro corazón en el suyo. Lo que se aprende de un modelo no se olvida fácilmente. Es una pedagogía maravillosa, llena de gestos sinceros, actitudes generosas y manos abiertas. Las vidas ejemplares nos inspiran, tienen un impacto que no tienen las teorías ni tampoco las palabras. Con esas vidas comienza un tiempo distinto, una vuelta a los valores, a la coherencia, a la participación. Estamos frente a una nueva era, en la que la herramienta más convincente, más poderosa para iluminar nuestra vida, es el ejemplo.
"Conocí a Lila y quise ser como ella". Juan Carr, de Red Solidaria.
Las palabras mueven, el ejemplo arrastra. Enrique Rojas
El hombre que marcó a la humanidad. José Pagola
Maestra y guía. Angela Copello
La influencia de los medios. Adriana Amado
Una vida bien vivida. Julio César Labaké
Fuente: Revista Sophia
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