miércoles, 23 de mayo de 2012
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Te conozco como si te hubiera parido... ¿o no?

Creemos que sabemos todo de nuestros hijos, pero no siempre es así. Observar su carácter nos ayudará estimularlos y a respetar sus rasgos personales. Por Astrid Hoffmann.

 

 

Me vas a decir a mí, que te conozco de memoria?”. “Te lo digo yo, que te conozco como la palma de mi  mano…”. Muchos habrán pronunciado este tipo de frases más de una vez, y con cierta razón: después de todo, es cierto que los padres son testigos privilegiados del desarrollo de sus hijos, y conocen cada uno de sus gustos, sus virtudes, sus defectos, sus anhelos y sus miedos.


Pero también es cierto que los padres no conocen todo de sus hijos, y asumir que saben exactamente qué sienten y cómo actúan sus chicos es uno de los errores más comunes en los que suelen caer, porque corren el riesgo de etiquetarlos y no respetar su esencia. La realidad es que conocerlos en profundidad es una tarea de todos los días, que requiere una mirada observadora y atenta, que permita ir descubriendo sus rasgos y características poco a poco, a través de charlas y juegos. Pese a todo esto, hay que entender que nadie puede llegar a conocer del todo a alguien: justamente en ese misterio que el otro representa radica el atractivo del vínculo.

Magdalena Benedit lleva más de veinticinco años estudiando los diferentes caracteres para comprender qué hay de innato y qué de adquirido en nuestra personalidad, hasta qué punto se puede controlar el carácter, de qué manera incide en nuestras vidas, y todo el universo de posibilidades que hay detrás de la manera en que noscomportamos. Después de publicar un libro sobre caracterología en general, el año pasado Magdalena decidió compartir su experiencia para ayudar a los padres a que acompañen a sus hijos en su crecimiento y editó el libro Una mirada insustituible. Reconocer el carácter de los hijos.


Durante una charla con Sophia en su consultorio, desde donde se dedica a la investigación y difusión de la caracterología, Magdalena explica que no se trata de una ciencia, sino de una disciplina auxiliar que intenta describir los distintos rasgos de la personalidad que son innatos y que definen al carácter. Estas características son independientes del género, la nacionalidad o la edad de la persona. Hay que tener en cuenta que nadie es exactamente igual a los modelos que se proponen, pero éstos pueden resultar útiles para conocer mejor nuestro carácter y los de quienes nos rodean. Pero ¿qué es exactamente el carácter?


“El carácter es lo constitucional, la base, lo que viene con la persona desde que nace. Tiene un gran porcentaje genético y puede relacionarse con lo que ocurre durante la vida intrauterina, durante el embarazo. También está ligado al funcionamiento orgánico: los sistemas nervioso, endocrino y circulatorio se encuentran muy  relacionados con el carácter. En definitiva, el carácter es ese ‘manojo de posibilidades’ y de rasgos con los que una persona nace y que a lo largo de la vida se van a estabilizar o no, según lo que cada persona haga con eso”, dice Magdalena. 


Los rasgos que se van confirmando, estabilizando, eligiendo y desarrollando van conformando lo que se llama “personalidad”, que también depende de la historia individual y de la influencia del medio. “A pesar de que la personalidad se va definiendo, el carácter no cambia.
Siempre queda debajo; es como la bandeja sobre la que se asienta la personalidad. Condiciona pero no determina”, dice Magdalena, y propone un ejemplo muy claro: “A mí me gusta compararlo con las formas y los recipientes, que privilegian algunos usos pero no excluyen otros: freír un huevo en una pava es posible, aunque sin duda no sería lo más cómodo; resultaría mejor una sartén. La educación no cambia los rasgos del carácter, no los anula, sino que los maneja de manera diferente: una persona puede aprender a manejar la cólera, pero no deja de sentirla”.


Magdalena propone ocho modelos de caracteres: el nervioso, el sentimental, el colérico, el pasional, el sanguíneo, el flemático, el linfático y el apático. Por supuesto, los chicos tienen en común sólo algunas cosas con el modelo, porque no hay una persona que sea idéntica al grupo, y tampoco se trata de estereotipos rígidos, porque un chico puede tener características de dos o tres modelos diferentes.

 

  • NERVIOSOS: Son chicos creativos, ingeniosos, leales, sensibles, solidarios, imaginativos y ocurrentes.Son inquietos y traviesos, y si no están entretenidos, se aburren. Suelen ser muy sociables y conversadores desde que empiezan a hablar, les encanta pensar e intercambiar ideas. En compañía se potencian, pero pueden ser dóciles e influenciables. Magdalena dice que los padres de estos chicos deben tener en cuenta que la soledad y el silencio los asustan, que son miedosos, sugestionables e impresionables, que parecen más seguros de lo que son, y que tienen de sí la imagen que les devuelve el mundo, por lo que necesitan atención directa, animación y apoyo para confiar en sí mismos.
  • SENTIMENTALES: Son chicos tiernos, sensibles, compasivos y solidarios. Desde chicos muestran una temprana moralidad y religiosidad; son humanistas y científicos, poetas y literarios, aman la naturaleza y los animales.
    Son más bien tímidos, cautelosos y pudorosos, por lo que valoran la privacidad y aceptan la soledad y el silencio.
  • PASIONALES: Son buenos, aplicados y buscan el bien común. Siempre tienen ganas de aprender, y desde
    chicos se inclinan por la autonomía. Reflexivos, pensantes y planificadores, parecen muy racionales, pero tienen un trasfondo ansioso y fogoso. Suelen ser más afectivos de lo que aparentan, y es importante saber que, aunque no siempre lo demuestren, necesitan ternura y animación. Es posible que tengan espíritu de competencia: quieren ser los primeros, los más aplicados y los que tienen razón, en especial los varones, que buscan tener el poder y el control.
    Tan intensos como impulsivos, estos chicos son testarudos y rebeldes ante lo que no comprenden. Magdalena dice que es bueno fomentar que aprendan a dominar sus reacciones y a aceptar los consejos, y que les conviene la autoridad firme pero no violenta.
  • SANGUÍNEOS: Estos son chicos que viven casi exclusivamente en el presente; son realistas, equilibrados, prácticos y sensatos. También son desenvueltos, afectuosos, alegres y divertidos; disfrutan del intercambio social, la música, los idiomas y la comida (¡son golosos!). Son tranquilos y observadores, saben entretenerse solos, sin desbordes ni sobreexcitaciones, y es raro que busquen o disfruten el peligro. Más bien, son amantes de la vida sencilla y de los placeres cotidianos, por lo que Magdalena aconseja acompañarlos de cerca hasta crear rutinas, y fomentarles la regularidad y la perseverancia. Tienen un gran sentido de la conveniencia: son comerciantes, oportunistas y diplomáticos por naturaleza.
  • FLEMÁTICOS: Se trata de chicos serios, aplicados, honestos, cumplidores, disciplinados, pacientes y perseverantes, que valoran el orden, el aseo, los hábitos y las rutinas. Tienen un gran sentido del deber y son muy apegados a las normas. Son conservadores en las costumbres y difíciles de convencer, por lo que es mejor para los padres fijarles metas y dejarlos elegir por sus propios medios, sin autoritarismos. En general, son reservados y retraídos, juegan bien solos y no les gusta llamar la atención ni estar entre grupos grandes de gente. Magdalena advierte que no es bueno reforzarles su aislamiento, sino que hay que estimularlos afectivamente y fomentar sus vínculos de amistad y de integración.
  • LINFÁTICOS: Son tranquilos y observadores, tienden a acotarse a su pequeño mundo y dejarse estar: son chicos remolones, que disfrutan de los juegos sedentarios, de la televisión y de la música. Suelen cuidar sus pequeños intereses, aman los placeres cotidianos y saben entretenerse solos. Les encanta la magia, los poemas, el teatro y las canciones, por lo que es bueno cultivarles la imaginación, la observación y la memoria. Son poco sensibles a la opinión ajena, pero hay que tener en cuenta que necesitan vigilancia cercana e indicaciones claras, con buen modo y firmeza. Son chicos que suelen mostrar bajos niveles de ambición, iniciativa y competitividad. Magdalena recomienda a los padres impulsarlos hacia realizaciones concretas, y fomentarles el orden, la organización y la rutina.
  • APÁTICOS: Es muy baja la población de personas de este grupo (menos del 5%). Se trata de chicos calmos,
    corteses, aplicados y perseverantes, aunque reservados y retraídos: prefieren evitar las multitudes porque tienen
    una sociabilidad precaria y receptiva, aunque son muy familieros y constantes en sus afectos más cercanos. Tienen un gran sentido del deber: son dóciles, aplicados y bien predispuestos para las tareas impuestas, y suelen aceptar y mantener la educación recibida. Les cuesta mucho aceptar los cambios y las adaptaciones, porque son más bien conservadores en las costumbres. Los padres de estos chicos deben saber que no tienen una constitución fuerte, y que necesitan mucha contención familiar, protección y animación, sin protegerlos en exceso, ya que eso tampoco los ayuda.

 

¿Por qué creés que es importante que los padres conozcan el carácter de sus hijos?


Porque es natural que las personas creamos que el otro tiene que ser como nosotros. Entonces, uno dice: “Que raro que haya reaccionado así tal persona”, porque uno espera que el otro reaccione como uno lo hubiera hecho.

Y eso, a quienes más les pasa es a los padres con sus hijos. En todas las familias grandes, siempre hay un hijo del que dicen: “¿Y ése de dónde salió? ¡Es hijo del lechero!” o “¡Éste no parece hijo mío!”. La realidad es que pueden tener hijos que no se les parezcan y a quienes incluso no comprendan.
Ahora bien, que yo no comprenda a mi hijo no quiere decir que él tenga que ir a un tratamiento o que esté enfermo. Por eso, es importante que los padres sepan que sus chicos nacen con determinadas características que, al ser genéticas, hacen que puedan tener algunos rasgos de personalidad de un bisabuelo, por ejemplo. Conocer a los hijos es, más que nada, una actitud de apertura y de  observación.

Si un hijo tiene una manera de ser parecida a la de la madre, y ella siente que no fue educada de acuerdo con su forma de ser, tiene ahora la oportunidad de elegir cómo quiere educar a su hijo.

¿Cuáles son los riesgos de forzar a un chico a hacer algo que no va con su carácter?


Esto es algo que pueden hacer los padres o que puede hacer el mismo chico, porque en la medida en que yo no me acepto tal cual soy, y actúo sobre mí de manera forzada, puedo hacerme mucho daño. Pero también es cierto que la naturaleza humana es flexible. Si por libertad te trataste a vos mismo, o a un hijo, a contrapelo, también por libertad podés retomar y volver por donde corresponde. Me parece importante que los padres recuperen la naturalidad: una cosa es que miren al chico, lo observen, estén atentos, y otra cosa es que piensen que el chico va a tener un trauma porque se lo retó o se le dijo que no a tal cosa… ¡No va a pasar nada! Va a tener un trauma sólo frente a cosas graves, situaciones de violencia o de abuso.

 

En tu libro decís que sentís que los padres están demasiado pendientes de las “recetas” sobre cómo criar a sus hijos…


Sí, es como si los padres se hubieran apichonado, están demasiado pendientes de las recetas, pero lo peor es que toda diferencia la atribuyen a una patología. Lo que es importante es que si una madre no se siente sensata, ¡converse con una amiga, con otra que tenga un hijo! No que crea que tiene que consultar de inmediato con un especialista.
Ante la duda, primero hay que recurrir al pediatra, porque como él ve cientos y cientos de chicos, muchas veces es quien les puede quitar el susto a los padres.

 

Vos decís que cada chico es distinto y que, por eso, cada uno necesita diferentes cosas. ¿Cómo hacen las madres que tienen muchos hijos?


En una familia hay algunas cuestiones que son organizativas, y punto. A partir de tres hijos ya se requiere cierta organización, que algunas cosas estén establecidas, porque, si no, es un caos. Lo importante es recordar que, más allá de la organización, cada chico, aunque sea un niño, es una persona. Entonces, en la medida de lo posible, hay que seguir observando su individualidad, seguir manteniendo lazos personales con él o ella, y no sólo grupales.
Las relaciones personales tienen que poder mantenerse o subsistir en paralelo con una organización aceptable.


Hay otro punto que es importante: Aristóteles decía que la justicia es dar a cada uno lo suyo. La justicia no siempre es equidad, no necesariamente es darle dos caramelos a cada uno. A lo mejor, a un hijo le compro caramelos, porque me viene bien que coma algo, y al otro le compro figuritas, y al otro le compro algo para el colegio…Es mejor acostumbrarnos a que no hay que darles a todos lo mismo, sino que hay que pensar en lo que cada uno necesita. Esto es muy sencillo de explicarles a los hijos: se les dice que una es la mamá de todos, que va a estar para cada uno cuando la necesiten, y que en ese momento el que más la necesita es uno en especial, pero que cuando sea otro el que más la necesite, va a estar más con él.

 

 

 

 

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Gentileza: Revista Sophia
Imagenes: Revista Sophia

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Sonia L Dijo:
09/06/2011 10:54:16 a.m.

excelente nota, me ayudo a entender muchas cosas de la personalidad de mis hijos.

 

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