No hay una sola forma de criar chicos. Hace unos años, con las ideas del psicoanálisis y del pediatra Benjamín Spock, se le cargó a la madre un exceso de responsabilidades. Se empezó a considerar que la madre era aquel ser que tenía un acceso absolutamente especialísimo y diferente con el chico –lo cual es así en la gran mayoría de casos–, pero que también era la responsable de todos sus males. Por un lado, era idealizada. Por el otro, se le adjudicaba todo lo que anduviera mal. Esto no es así.
Si nos sentimos culpables, vamos a actuar como seres culpables. Y vamos a buscar algún tipo de castigo. Si la madre se siente culpable, y su hijo de un año y medio le pega, va a pensar que el chico no la quiere o la rechaza, cuando a esa edad puede ser una conducta normal. Si empezamos a interpretar todo bajo el lente de la culpa (“Mi hijo se hace pis. ¿Qué hice mal?”) o según un sistema de creencias cerrado y rígido, vamos a estimular en el chico ciertas cuestiones que en realidad son las queremos evitar.
Por ejemplo, si nuestro hijo de dos años hace rabietas, y creemos que esas rabietas se deben a que está enojado con nosotros, trataremos de consolarlo a toda costa, en vez de dejarlas pasar. Así, empezamos a tratar de complacerlo de cualquier manera, con lo cual se intensifica la situación y empiezan a crearse círculos viciosos a partir de pequeñas cosas.
Los chicos tienen necesidades básicas que deben ser atendidas sí o sí. No se pueden hacer generalizaciones, pero si me preguntan qué pienso que deberíamos hacer las madres, diría que se trata de un trabajo de artesanía. No hay fórmulas generales. Pero sí se puede decir que es bueno disfrutar de los chicos.
Cuando estamos con ellos, tenemos que estar conectadas y no sentir ansiedades ni angustias; sería bueno que estemos atentas, ya sea que estemos conversando, que les estemos dando de comer, los estemos bañando o los llevemos a la plaza.
Por Diana Rizzatto. Psicóloga y coordinadora del departamento de Familias y Parejas de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar.
Fuente: Sophia