La periodista de investigación Katherine Ellison se basó en estudios científicos para afirmar que cuando una mujer se convierte en madre, se producen grandes cambios en su cerebro. A diferencia de lo que comúnmente creemos cuando decimos “acabo de ser madre, el cerebro no me funciona, pierdo todo”, nuestro cerebro en esa instancias funciona mejor. “Las madres, me dijo el neurocientifico Allan Zinder, son como Einstein, que también perdía sus llaves porque su cerebro estaba ocupado en cosas de vital importancia. La actividad neuronal que provoca la presencia de crías produce, en sentido literal, cambios estructurales en el cerebro: se obtiene un órgano más complejo y mejor capacitado para responder a un entorno cada vez más exigente”, explica.
Según Ellison, el cerebro cambia cuando la persona adopta un comportamiento nuevo o atraviesa un proceso de aprendizaje con un marcado componente emocional. A medida que el comportamiento se repite, el cambio en el cerebro se refuerza. Además, durante el embarazo y la lactancia el cerebro es inundado por un mar de hormonas, sobre todo de estrógenos y de oxitocina.
”El estrógeno actúa como potenciador cerebral y la oxitocina reduce el estrés y potencia la memoria y el aprendizaje; es un regalo de la naturaleza”, dice. Según la periodista, además, la maternidad mejora el rendimiento profesional. “El comprometido y duro entrenamiento que supone la maternidad aporta a la mujer una gran capacidad para cumplir plazos, coordinar múltiples tareas, buscar salidas creativas a los problemas, encajar interrupciones frecuentes y permanecer impasible en plena crisis. Tener un hijo es una escuela”. Una madre puede convertirse en un tesoro para una empresa porque
“las estadísticas dicen que las madres son más fieles, gestionan mejor el tiempo y son capaces de mediar en los conflictos. He entrevistado a decenas de científicos y decenas y decenas de madres: las nuevas investigaciones prueban que tener hijos vuelve a las madres más eficaces en su relación con el mundo exterior”.
Fuente: Sophia