¿Estás pensando en pintar tu casa? ¡Se viene la mejor época! La primavera, además de traer calorcito, flores y mucho verde, es la estación del año más adecuada para renovar los colores de tu hogar. Como todos los arreglos que se pueden hacer en una casa, tenés dos opciones: contratar a un profesional (un pintor en este caso) o asesorarte y hacerlo vos misma (con ayuda de algún amigo/a o marido, obvio).
Pintar un cuarto es un trabajo relativamente sencillo, pero si decidís hacerlo vos necesitás tener en cuenta algunas consideraciones. Antes de comenzar vas a tener que preparar la habitación: retirá los muebles (los que pesan mucho podés dejarlos y cubrirlos con alguna sábana vieja); sacá las tapas de los interruptores eléctricos y quitá, si es posible, las luces del techo (por precaución podés cortar la luz).
Una vez que hayas despejado el ambiente, tenés que delimitar la zona que vayas a pintar. Para hacerlo, usá la cinta de papel que se pega muy fácilmente en cualquier superficie. Vas a utilizarla para cubrir los espacios entre la pared y los zócalos, alrededor de los marcos de puertas y ventanas, etc. Así te vas a asegurar de no manchar nada y, además, vas a conseguir un acabado más profesional y prolijo.
¡Ya tenés todo listo para comenzar! El trabajo que vayas a hacer va a depender del estado de tus paredes. Si están en buenas condiciones, podés pintarlas sin ningún tratamiento previo (depende del color, quizás necesites darle una base de blanco). Si no es tu caso, y tus paredes se están descascarando o tienen arrugas, vas a tener que prepararlas. Con una espátula retirá la pintura que se encuentre actualmente en tus paredes y, luego, con una lija finita emprolijá la superficie. Si en esta instancia te das cuenta de que hay grietas o huecos para rellenar, lo mejor es que uses enduido para cubrir y emparejar la zona (es muy fácil: lo aplicás con espátula, lo dejás secar y limás el excedente). Antes de pasar a los pinceles tenés que limpiar con un trapo todo el polvo que haya quedado adherido a la pared.
¡Ahora sí, a pintar!
Aplicá una mano de fijador (puede ser al aceite o al agua) o imprimación fijadora. Este paso previo facilita la aplicación de la pintura y aumenta su rendimiento.
Las pinturas de primera calidad te aseguran una mayor cobertura y, además, no vas a necesitar aplicar más de una mano. Así que, en este caso, gastar un poco más te va a ahorrar trabajo y el resultado va a ser visiblemente mejor. Antes de empezar, revolvé la pintura con movimientos circulares para conseguir una consistencia homogénea.
Empezá por los techos. Lo primero que se pinta (si necesitás hacerlo) es el techo. Se hace por precaución, así si cae una gota de pintura sobre alguna pared todavía estás a tiempo de cubrirla y que nadie lo note.
Seguí por las paredes. Para aplicar la pintura y que no quede ninguna marca se recomienda pintar de abajo hacia arriba y en muchas direcciones (diagonal, vertical, horizontal).
Con estos tips ya podés comenzar. Andá a una pinturería y armate con todos los utensilios necesarios: pinturas, enduido, fijadores y, obvio, rodillos, brochas y pinceles.

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