El objetivo de este artículo es ofrecer a los padres y a las madres algunas sugerencias para poder educar a nuestros chicos con la televisión. Nos basamos, para esto, en estudios científicos realizados en Comunicación Social.
La primera pregunta que podríamos hacernos es: ¿por qué deberíamos educar con la televisión?
Y las respuestas son varias:
- Porque la TV es omnipresente e inevitable en casi todos los hogares.
- Porque compite, en muchos casos, con los valores que la familia inculca.
- Porque es atractiva y difícil de abarcar, ya que apunta a lo intelectual, a lo emocional y a lo social.(Esto lo señala el investigador inglés David Buckingham)
- Porque puede brindar material para tratar todos los temas.
La segunda pregunta podría ser: ¿a quién corresponde educar con la televisión?
Y allí los responsables somos muchos:
- La familia (porque es la responsable primera en educar en valores; esto es un derecho y una obligación para cada familia).
- La escuela (porque no puede vivir aislada del mundo y porque el maestro y el profesor han de tener el conocimiento y la capacidad para hacerlo, puesto que son profesionales de la educación).
- El Estado (a través del Ministerio de Educación y del COMFER, institución que debe regular los contenidos y los horarios de los programas que se emiten en radio y televisión. Además, se deben respetar los artículos de la nueva Ley de Educación Nacional de diciembre de 2006).
- Los directivos de las empresas de comunicación (comprendidos explícitamente en esta Ley de 2006).
- La sociedad toda (a través de las distintas organizaciones civiles que se preocupan por el tema, a través de las cartas de lectores que como usuarios de los medios de comunicación podemos y debemos enviar con quejas o con felicitaciones, cuando el caso lo merezca).
Para la estudiosa francesa, Genevieve Jacquinot, la televisión ha de ser para los padres y para los docentes un “socio cognitivo”. Esto significa que no representa, para nosotros, un enemigo, sino un instrumento que servirá para enseñar lo que nosotros, adultos responsables de las generaciones futuras, queremos que se enseñe a nuestros hijos e hijas.
Así también, el estudioso mexicano Guillermo Orozco Gómez sostiene que, con la televisión encendida, se ha de educar a la audiencia. Es decir, no mirar la televisión que nuestros chicos ven (hecho muy frecuente en padres y en docentes que desconocen o no regulan lo que los niños y jóvenes consumen de la televisión) no ayuda para nada.
Muchas veces los padres y los docentes pretendemos que nuestros chicos vean sólo programas educativos pero está comprobado ya que la mayoría de los adultos, por pudor, dice que no ve televisión o que sólo ve programas culturales, lo cual es poco probable cuando uno revisa los ratings o cuando se le pregunta a los hijos de esos mismos adultos.
No está mal ver televisión. Lo que no sirve es consumir cualquier cosa y de cualquier modo. Hay que elegir el menú antes de sentarse a comer...
No debemos olvidar que los que rondamos, más arriba o más abajo, los 40 años somos la primera generación televisiva. Hemos sido criados con la televisión en blanco y negro, con pocos canales, sin el control remoto, pero con la televisión presente al fin.
Estamos, ahora, ante la presencia de la segunda generación televisiva, que está obnubilada (o sea que le cuesta ejercer su juicio crítico) por el control remoto y el zapping consiguiente, el DVD, el plasma (término que suena a medicina y no a tecnología), los llamados home theater (Mafalda decía, ya en los años 60, que en todos los canales había televisión, demostrando así que, por más que avanzaran los conocimientos tecnológicos, no iban a mejorar los contenidos, hecho fácilmente comprobable), la disputa permanente con la computadora (ya se habla de “tiempo de pantalla” que consumen nuestros chicos al sumar televisión y ordenador).
Veamos, entonces, algunas sugerencias para educar con la televisión, que ya hemos probado en casa con nuestros propios hijos y en el trabajo de investigación:
- Ver la televisión con nuestros hijos e hijas y discutir las emisiones con ellos.
- Comparar con ellos, si los personajes son o no son reflejo de la realidad.
- Explicarles que la televisión es parte de un engranaje comercial.
- Hacerles entender que los programas son textos construidos con una intención determinada.
- Analizar la publicidad televisiva (para comprender así qué es lo que realmente nos están vendiendo: un auto o un estilo de vida).
- Distinguir las distintas clases de violencia televisiva (física, verbal o psicológica).
- Ofrecerles distintos programas para ver y compararlos entre sí.
- Brindarles distintas alternativas mejores que la televisión (deportes, paseos, juegos de mesa, lectura).
- Moderar los horarios y regular los programas según la edad
- Explicarles por qué algunos no son recomendables para su edad.
- Comparar los valores familiares propios con los que nos sugiere la pantalla televisiva.
- Trasladar las situaciones de la televisión a nuestra propia casa y plantearles cómo solucionaría nuestra familia esos conflictos, si los tuviera.
- Preguntarles si convendrá seguir viendo o no seguir viendo un programa, después de haberlo comentado con ellos.
- Preguntarles si entienden realmente lo que dicen los personajes.
- Preguntarles qué otros programas podría haber en la televisión que fueran más beneficiosos.
- Relacionar lo que se ve en la televisión con lo que sucede en todo nuestro país. (Muchos chicos desconocen la realidad del interior del país: o viven en la capital o en barrios cerrados de la periferia de Buenos Aires y, como casi no ven noticieros, no saben qué sucede y cómo viven nuestros compatriotas.)
Para terminar, no debemos olvidar que la estrategia siempre ha de ser el diálogo cooperativo y con una escucha atenta que suspenda cualquier juicio apresurado de nuestra parte. No hemos de pontificar ni de criticar los gustos de nuestros hijos e hijas porque corremos el riesgo de que se cierren en sí mismos y de que no quieran conversar con nosotros, prefiriendo hablar con los compañeros o amigos, de quienes, sabemos, no son siempre los mejores consejeros. Debemos confiar en ellos y ayudarlos a crecer ayudando a la escuela en el desarrollo del juicio crítico y no forzarlos a caer en una actitud de rebeldía o en la falacia de que “todos lo ven menos yo”.
Mi mensaje final es que no abandonemos la tarea ni el debate, aunque sea difícil y requiera de infinita paciencia; escuchemos y comprendamos antes que nada: no nos olvidemos de que también nosotros fuimos chicos; volvamos a empezar siempre: el diálogo vale la pena en toda circunstancia y, finalmente, tengamos fe y esperanza en nuestros hijos e hijas. Ellos tienen mucho para enseñarnos.
Sabías que según las respuestas de nuestras socias de materna...
El 47% considera que “La TV es un buen entretenimiento para los niños”.
El 20% considera que “La TV es un buen complemento en la educación de los niños”.
Al 25% dijo que “Me gustaría que mi/s hijo/s vieran menos TV”.
El 22% considera que “La TV es nociva para los niños porque le quita tiempo a juegos o actividad física”.
El 14% considera que “La TV es nociva para los niños por la violencia que transmite”.
El 30% tiene TV en el cuarto de lo/s niño/s.
El 39% siempre mira TV durante la cena.
El 26% mira TV durante la cena la mayoría de los días.
El 19% mira TV durante la cena de vez en cuando.
El 16% nunca mira TV durante la cena.