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¿Quién compite? ¿Los padres o los hijos?

Qué impulsa a los padres a formar hijos dentro de un terreno donde lo importante es ganar y cuál es el grado de influencia que posee esta prioridad en lo más chicos son algunos de los interrogantes que intentaremos responder en este informe.

Vivimos en un mundo competitivo donde el fracaso tiene mala prensa. El concepto del éxito se ha instalado en el seno familiar y educativo modificando ciertas pautas de conducta.


Desde siempre, la rivalidad estuvo presente en la existencia humana de diferentes maneras. En el seno familiar, los hermanos pugnan por ocupar un mejor lugar dentro de ese ámbito: en el campo educativo, los alumnos bregan, tanto en el juego como en las tareas intelectuales, para alcanzar unja mejor posición, pero lo esencial es determinar cuáles son las reglas del juego de la competencia, ya que existen buenas y malas artes a la hora de competir.


La psicoanalista Cielo Rolfo afirma: “ En el ámbito familiar, los padres deben intervenir para encauzar y canalizar la rivalidad entre hermanos poniendo límites. En el colegio, los maestros tienen que responsabilizarse para que la competencia sea algo sano, productivo y que favorezca al juego y al aprendizaje, y evitar que los alumnos compitan por la competencia misma..”


Esta actitud es la que le dará verdadero sentido a dicha competencia. “ Una cosa es jugar con otros y otra  muy distinta, es jugar en contra de otros. Jugar con otros implica respetarlos. No hacerlo puede llevar a la competencia desleal, en donde no se lo toma en cuenta”, aclara la especialista



¿Lo importante es ganar?



“Hay que formar a los hijos para el mundo que vivimos sin dejar de pensar que es competitivo. Lo ideal es darles herramientas para que se manejen mejor en un mundo difícil, guiarlos para que lo que hagan coincida con sus deseos”, asegura la psicoanalista.


En la actualidad, existe la tendencia a darle al éxito un valor muy importante y a desvalorizar todo aquello que es considerado un fracaso. Algunos padres incentivan a sus hijos a ser exitosos. Insisten en lo trascendente que es ganar y lo malo que es ser protagonista de la derrota. Esta actitud, muchas veces inconsciente, no favorece a los chicos. En varias ocasiones, aunque ellos no lo expresen, se sienten presionados a buscar ganar sea como sea y esa presión les hace daño.


Es posible que el concepto triunfalista que los padres imparten a sus hijos se deba a que ellos mismos suelen estar sumergidos en un mundo competitivo.


Hay que entender que perder es en realidad también una forma de aprendizaje. En el futuro, cuando salga al mundo, más de una vez va a fracasar: puede ser rechazado en una entrevista laboral, tener dificultades en el trabajo o sufrir desplantes afectivos, no ser aceptado por un grupo de amigos o resultar aplazado en un examen de la universidad. Estas pequeñas maneras de perder que vive hoy no son más que mini ensayos de lo que es la vida.


Hay varias cosas que no podemos manejar y la “derrota” es una realidad presnete que no debemos perder de vista ni borrársela, como si no existiera.


Tampoco crearle mala prensa porque eso, más adelante, ocasionará en él un daño más grande del que pensamos: el mundo algodonado de la niñez se le volverá hostil ante la primera frustración y no sabrá cómo enfrentarse, lo que lo hará sentir absolutamente impotente.


Lo mejor es darle todas las herramientas para que salga al mundo fortalecido. No hay por qué hacerlo de manera cruel, por supuesto, pero sí realista. ¿Cómo? Transmitiendoles el respeto por el otro, la no discriminación… Los juegos, los deportes y cualquier tipo de enfrentamiento servirán para que esos padres actúen adecuadamente, dándole al triunfo el lugar adecuado,  ni más ni menos. Y la derrota también debe tener su lugar, sin ser sobredimensionada.

El deseo del hijo

Muchos padres insisten en que sus hijos compitan, sin tomar en cuenta si ellos tienen ganas de hacerlo. Prueba de ellos son los campeonatos deportivos intercolegiales. Allí, es cada vez más frecuente ver a padres enfervorizados que les exigen a gritos a sus hijos que tengan mayor rendimiento: “Incluso, muchos les remarcan constantemente sus errores y muy pocas veces los felicitan por sus aciertos,” advierte la Lic. Cielo Rolfo.

Son muchos los padres que han querido ser jugadores de fútbol, pero que por distintas circunstancias no pudieron y por eso, quieren que sus hijos cumplan con el deseo que no pudieron completar ellos mismos. Freud decía “A veces, los padres intentan que los hijos vengan a completar los proyectos que ellos no han podido concretar en vida.”

Mamá y papá deben estar atentos a las destrezas que sus hijos van mostrando y darles las herramientas, mientras sea posible, para que las potencien. Los padres deben estimularlos para que hallen su propio camino.


¿Ser o tener?


Por más que el éxito tenga buena prensa, no es un valor en sí mismo. “Los padres tendrían que pensar si lo que les están transmitiendo a sus hijos es que ser exitoso es llegar a ser adulto lleno de dinero o tener una vida gratificante y saludable.”  Con frecuencia se les transmite valores contradictorios. Por un lado, se pondera la fama, el dinero y el éxito y, por el otro, se les dice que uno vale por lo que es y no por lo que tiene.


Competencia entre pares



No es inadecuado estimular la competencia, siempre que la misma no implique una actitud violenta hacia el otro. Según la especialista “Hay que fomentar en los chicos la idea de competir sanamente con el otro sin anularlo, porque si se lo anula, él se queda sin ese otro y si ese otro no está, no tiene con quién jugar.”

Fuente: Ser padres.

 

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