En los últimos cuarenta años, los cambios en la formación de la familia y del empleo trajeron extensas implicaciones en los papeles del varón y de la mujer en la familia. La participación de las mujeres en el mercado laboral aumentó al igual que la proporción de hogares con jefaturas femeninas. A su vez, estas tendencias ocasionaron cambios en los arreglos para el cuidado de los hijos e hijas y cuestionaron el statu quo de la limitada participación de los varones en las tareas domésticas, incluyendo las de cuidado.
En la actualidad, dos cambios sociales importantes promueven lo que suele denominarse el “empoderamiento” de las mujeres (Olavarría, 2003; Anatrella, 2008) o un excesivo protagonismo y responsabilidad de las madres en el cuidado y crianza de los hijos e hijas. Esas modificaciones son, en primer lugar, que hoy la mayoría de las madres trabajan y con sus ingresos contribuyen a la par de sus cónyuges al sostenimiento económico del hogar; y, en segundo lugar, que las nuevas estructuras familiares y la tendencia creciente de separaciones y divorcios implica que muchos niños y niñas viven solo con uno de sus progenitores, generalmente sus madres.
Todo esto podría llevar a concluir que la figura del padre se ha vuelto prescindible o que estamos frente al ocaso de la función paterna. Sin embargo, que un padre no resida en su hogar no significa que esté ausente de la vida de los hijos e hijas, ya que en muchos casos la calidad de la relación de filiación es más importante que la cantidad de tiempo compartido. Por otra parte, en muchas oportunidades hay otros varones en el entorno familiar que adoptan el rol de padres, aunque no tengan nexo biológico o legal con los niños y niñas. Y por último, la ausencia paterna no es conveniente para ninguno de los miembros de la familia en particular, ni para la sociedad en general.
Por tal motivo, existen numerosos intentos para reforzar el vínculo de filiación y promover el ejercicio de una paternidad presente y comprometida de distintos actores y sectores sociales. Aunque las motivaciones son diferentes, dichos esfuerzos son realizados por mujeres madres –interesadas en el bienestar emocional de sus hijos e hijas y en la transformación de las relaciones de género–, por los legisladores –quienes necesitan regular las nuevas demandas y realidades familiares y sociales–, desde los ámbitos intelectuales y académicos –en particular, de organizaciones internacionales y del campo de las ciencias sociales–, y hasta por los propios padres –ansiosos de encontrar su lugar y defender el derecho de vivir una paternidad comprometida–.
El objetivo de este artículo es describir sintéticamente el estado de transición en el que se encuentran actualmente las funciones paternas, desmitificar su desaparición o la posibilidad de poder prescindir de ellas, y revisar los esfuerzos realizados por parte de distintos actores y sectores sociales que trabajan en pos de su revalorización.
- La transformación de las funciones maternas y paternas al interior de las familias
En la Argentina, seis de cada diez madres participan del mercado laboral (61,2%), ya sea porque trabajan (55,7%) o porque están desocupadas (5,5%), es decir, buscan activamente trabajo aunque momentáneamente no lo encuentren. Además, al incremento de la participación de las mujeres en el mercado laboral se suma la importancia que hoy tiene el aporte monetario que estas realizan a sus hogares. Las madres contribuyen con el 47,6% del total del ingreso familiar, lo que indica que tienen prácticamente la misma responsabilidad que los varones en el sostén económico del hogar. Este hecho provoca una mayor responsabilidad entre las mujeres con hijos, pero a su vez les otorga más autonomía y poder de decisión (Lupica et al., 2008).
A esto hay que agregar que hoy una mayor proporción de niños y niñas viven lejos o separados de sus padres debido al aumento de la migración de estos por cuestiones laborales, la disminución de matrimonios formales y las tasas crecientes de separaciones y divorcios, el incremento de nuevas estructuras familiares –familias ensambladas y reconstituidas- y de hogares monoparentales encabezados por mujeres. Para citar algunos ejemplos, en nuestro país la tasa de separaciones y divorcios aumentó un 36,4% entre 1991 y 2001: pasó de 880 mil casos a 1,2 millones. Asimismo, según los datos del censo 2001 existen 1,4 millones de familias monoparentales , de las cuales 1,1 millones (78,6%) tienen jefatura de hogar femenina (INDEC, Censo Nacional, 1991 y 2001).
Frente a tales transformaciones y/o rupturas familiares, los niños y niñas permanecen generalmente con sus madres. “El nexo común a todas estas situaciones es que son las mujeres, en abrumadora mayoría, las que continúan viviendo con los hijos” (Osborne R., 2004: 268). Habitualmente, tras una separación o divorcio, se produce un distanciamiento –en el sentido de menor contacto o convivencia- de los hijos e hijas con sus padres, mientras que sucede el proceso inverso con las mujeres, lo que refuerza la díada madre-descendencia.
Todas estas instancias -aún en transición- provocan una necesaria resignificación y reorganización de los roles de las personas en el interior de la familia, y originan nuevas tareas y responsabilidades a los distintos actores sociales. Todo ello abarca desde el estudio en profundidad de las consecuencias de estos cambios hasta su regulación normativa, en pos de proteger los derechos de los individuos, niños y niñas, mujeres y varones.
A continuación, a modo de ejemplo y sin la pretensión de realizar una recopilación exhaustiva, se relata de qué manera la paternidad se instaló como tema en la agenda de académicos, intelectuales, organizaciones sociales y hasta en la de los propios padres, deseosos de esclarecer su lugar y reivindicar y ejercer los derechos de una paternidad presente.
- La instalación de la paternidad en la agenda académica
“El tema de las paternidades es emergente en las Ciencias Sociales, Ciencias de la Salud y en las Políticas Sociales. Si el movimiento de mujeres tiene cuarenta años, y los estudios de masculinidades veinticinco, la mayor parte de las investigaciones, encuentros y discusiones sobre paternidades han ocurrido en los últimos diez años. Las intervenciones en paternidades son muy recientes. En nuestra región, solamente en Costa Rica encontramos una ley y una política de paternidad. El Istmo Centroamericano ha realizado el debate más intenso en la materia en cuanto a políticas y estrategias” (Aguayo F., 2003: 95).
El auge de la literatura sobre paternidad se inscribe en el análisis sobre las masculinidades o identidades masculinas. Las primeras reflexiones y teorizaciones sobre las inequidades entre varones y mujeres desde una perspectiva de género en Latinoamérica fueron planteadas por mujeres académicas y feministas, que interpretan las identidades como construcciones sociales, culturalmente específicas, históricas y espacialmente situadas antes que como datos naturales. Estos escritos, que comenzaron a visibilizar la situación de la mujer en los distintos ámbitos, ampliaron el campo de preguntas sobre los hombres (Olavarría, 2003: 95).
De esta forma, en los años 80 comienza en las ciencias sociales –de manera sistemática y acumulativa– la investigación sobre los varones, quienes pasan a ser objeto de estudio. “Sus cuerpos, subjetividades, comportamientos y aquello denominado lo masculino es sometido a escrutinio científico. Se comienza a deconstruir la masculinidad, a desnaturalizarla” (Valdés, citado en Olavarría 2003: 95).
Es precisamente en el marco del estudio de la masculinidad en el que se centra el análisis de la paternidad, por ser ésta un componente importante de la identidad masculina. “La paternidad o las paternidades son un tema emergente en las ciencias sociales. Algunos estudios de familia y de masculinidad en Latinoamérica y el Caribe se han preocupado por esta temática directa e indirectamente en los últimos años” (Arriagada, 2001, 2002; Barker, 2003; Fuller, 2000a; Olavarría, 2001). En la región, las investigaciones en paternidad están aumentando en número, y son fundamentalmente de corte cualitativo (Barker, 2003; Fuller, 2000a; Olavarría, 2001) (citado en Aguayo F., 2003: 5).
De todos modos, aunque el tema está instalado en la agenda académica y han proliferado numerosos y relevantes estudios al respecto, aún es vasto el camino a recorrer en el análisis de la paternidad. En esta etapa inicial de la investigación se avanzó sustancialmente en los significados y discursos asociados a las masculinidades y paternidades desde una metodología cualitativa. En la siguiente etapa se deberá profundizar en el desarrollo de indicadores objetivos y estadísticas actuales y sistemáticas, que permitan comprender acabadamente la participación en la actualidad de los hombres como padres.
A su vez, el enfoque del estudio deberá centrarse sobre la cooperación entre varones y mujeres en el ejercicio de una paternidad compartida. Como menciona Barker (2008), en su mayor parte las investigaciones existentes han medido por separado el rol de las mujeres como madres y lo que hacen los varones como padres. Hay relativamente pocas investigaciones en la región acerca de las cosas que los varones y las mujeres hacen juntos, o las maneras en que cooperan para el ejercicio de la paternidad.
Sin dudas, la instalación del tema en la agenda académica pone de manifiesto la novedad e importancia de los cambios en los roles paternales como un asunto social y no meramente privado de las familias. Los estudios cualitativos desarrollados hasta el momento son necesarios y valiosos, pero se requiere generar información cuantitativa y sistemática para ayudar a los responsables del diseño e implementación de políticas públicas a tomar decisiones que impacten favorablemente en la convivencia familiar y social.
- La sociedad civil comienza a trabajar por una paternidad comprometida
Barker (2008) y Aguayo (2003) realizaron distintos relevamientos de organizaciones de la sociedad civil (OSC) en regiones de Latinoamérica que trabajan con los varones en la promoción de una paternidad más comprometida y activa. Entre ellas, se destacan las siguientes iniciativas :
• Apoyo y asistencia a la maternidad y paternidad juveniles (PROMAPA en la Argentina, Organización Papai en Brasil).
• Acciones de capacitación vocacional para los jóvenes que incluyen tiempo de varones y mujeres en guarderías para acostumbrarse a cuidar a niños y niñas pequeños (Servol en Trinidad y Tobago).
• Cursos de paternidad para padres y madres reclusos (Nacional Fatherhool Initiative y Family and Corrections Network en Estados Unidos).
• Sesiones educativas, discusiones de grupo o grupos de apoyo para padres adultos y adolescentes (Instituto Papai en Brasil, CIDE y Fundación Rodelillo en Chile, Fahters Inc en Jamaica).
• Creación de clubes de padres para ayudarlos en la atención de problemas de salud infantil (Fundación Haitiana de Salud).
• Campañas educativas en medios masivos de comunicación para promover el ejercicio de una paternidad más participativa (Organización Salud y Género y CORIAC en México, Instituto Papai en Brasil).
• Promoción de una paternidad más participativa a través de Internet (Red de Padres Nuevos).
• Campañas en el lugar de trabajo para pensar juntos, empleados y directivos, varones y mujeres, sobre temas de equilibrio entre la vida familiar y el trabajo y las maneras de ofrecer y utilizar horarios de trabajo más flexibles (Instituto Promundo en Brasil).
“Lamentablemente, algunos de los programas no cuentan con evaluaciones adecuadas, sobre todo debido a restricciones de presupuesto. Aquí hay un importante desafío a futuro. Se visualizan, sin embargo algunas lecciones interesantes. Primero constatamos que es posible realizar intervenciones con hombres, jóvenes o adultos. Algunas de las barreras que han tenido que vencer se relacionan con la dificultad de convocarlos o las estrategias para llegar donde ellos están; asimismo, han desarrollado un lenguaje y estéticas apropiadas a las particularidades de la identidad masculina y del grupo objetivo al que se quiere llegar. El reporte de los interventores muestra que los participantes desarrollan cambios de significados y de conducta” (Aguayo F., 2003: 78).
Más allá de la creatividad, importancia y efectividad de estas acciones, lo cierto es que ellas influyen en un número muy reducido de personas. En tal sentido, es necesario comenzar a vincular el trabajo de esas entidades de la sociedad civil con los tomadores de decisión en el campo de las políticas públicas. Esto, sin dudas permitirá incrementar el caudal de fondos para financiar los proyectos y acciones de promoción y concientización de la importancia de una paternidad activa, reproducirlos a escala nacional e impactar, por tanto, en un número más significativo de participantes.
- Los padres también se organizan
Ante los cambios sociales y familiares que se han enumerado, aparecieron diversas organizaciones de padres reunidas en torno a determinados intereses comunes. Algunas son grupos de padres generalmente divorciados o separados que intentan mejorar sus derechos de visita o convivencia, por ejemplo. Otras surgieron a partir del interés en construir relaciones más cercanas con sus hijos, y para debatir sobre la demanda actual de mayor participación en las tareas domésticas y de cuidado. Por último, varias de estas iniciativas se crearon para promover la cooperación entre padres y madres en el cuidado de los hijos e hijas, independientemente del estado marital o tipo de relación conyugal.
Al respecto, la ley de divorcio sancionada en la década del setenta en la mayoría de los países se constituye en un referente importante para la conformación de estas organizaciones de padres. Raquel Osborne describe en el artículo “Del padre simbólico al padre real: la función paterna desde la modernidad”, el caso de las organizaciones de padres separados en España: “Su primera actuación organizada de relevancia fue la presentación en 1989 de un recurso de inconstitucionalidad por el tratamiento normativo desigual entre madres y padres que consagró la ley de divorcio de 1981 y su determinación de la custodia para la madre de los hijos menores de siete años mientras no hubiera razón en sentido contrario. Su actuación tuvo éxito y se aprobó un nuevo artículo (el 159). Quedaba establecido a partir de entonces que, en caso de desacuerdo entre los progenitores acerca de la custodia de los hijos menores, el juez decidiría quién cuidaría de ellos”. Años más tarde, desde la Federación Española de Padres Separados se comenzó a esgrimir la retórica de igualdad entre varones y mujeres a fin de obtener la denominada custodia compartida, no contemplada actualmente por la ley (Osborne R., 2004: 273).
Estas iniciativas de los propios padres son incipientes y están motorizadas por objetivos muy diferentes. De todos modos, es importante resaltar que muchos varones están dispuestos a aprender formas distintas de desempeñar sus funciones paternas, acordes con la nueva realidad y las demandas familiares y sociales. Apoyar las iniciativas y fomentar el debate y el diálogo de los padres y las madres es fundamental para el diseño de políticas, que serán útiles y posibles de implementar en la medida que incorporen las voces de los protagonistas.
- Conclusión: factores que facilitan o propician el cambio
Históricamente, la principal responsabilidad de las tareas del hogar y de cuidado recayó en las mujeres. Sin embargo, con el ingreso masivo de las madres al ámbito laboral lo que antes era considerado como “normal” comenzó a cuestionarse. En la actualidad, existe una creciente presión o demanda social sobre los varones para que asuman mayores responsabilidades en las tareas domésticas y de cuidado, y a la vez se comienza a relacionar el ejercicio de una paternidad participativa y comprometida con el desarrollo emocional de los hijos e hijas.
Estos cambios se producen en diferentes planos y a velocidades desiguales. Internalizar las nuevas pautas culturales o sus significaciones y discursos en las actitudes diarias de los padres de familia llevará su tiempo. No obstante, diversos actores e instancias sociales están realizando esfuerzos para facilitar y propiciar este cambio. En especial, la temática ya se instaló en la agenda académica y son diversas las experiencias de organizaciones sociales que han comenzado a implementar medidas para fomentar el ejercicio de una paternidad más participativa. También, son los propios padres quienes han empezado a organizarse, en especial aquellos que se encuentran en situación de separación o divorcio.
Según Barker (2008), son numerosos los factores asociados a la participación de los hombres como padres o proveedores de cuidados, tales como su nivel educativo, la relación con la madre, la propia experiencia del varón en la relación con su padre, la edad del hijo, la edad que tiene o la etapa de desarrollo en la que se encuentra el varón, las actitudes o creencias sobre los roles de género que posee, entre otros.
Lo cierto es que comenzar a analizar el tema y difundir los beneficios del ejercicio de una paternidad compartida entre varones y mujeres es una necesidad imperante en la realidad social y familiar actual. En consecuencia, exponer requerimientos y realidades de las familias y de sus miembros constituye el primer paso para el cambio, la promoción y la vivencia de una maternidad y una paternidad más saludables.
Bibliografía consultada
Aguayo Fuenzalida, Francisco (2003). “Paternidades: Políticas y Programas. Revisión de acciones y medidas para promover la participación del padre en el cuidado y la crianza de sus hijas e hijos”. Informe (borrador final). UNICEF, octubre. Santiago de Chile.
Barker, Gary; Verani, Fabio (2008). “La participación del hombre como padre en la región de Latinoamérica y el caribe: una revisión de literatura crítica con consideraciones para políticas”. Promundo–Save the Children. Brasil.
Lupica C., Cogliandro G., Saavedra L., Chávez Molina E. (2008). “Cuadernillo estadístico de la maternidad nº 2. Procesamiento de datos de la Encuesta Permanente de Hogares–INDEC”. Observatorio de la Maternidad, marzo.
Olavaria, José (2003). “Los estudios sobre masculinidades en América Latina. Un punto de vista”. Artículo aparecido en Anuario Social y Político de América Latina y el Caribe Nro. 6, Flacso / Unesco / Nueva Sociedad, Caracas: 91-98.
Osborne, Raquel (2004). “Del padre simbólico al padre real: la función paterna desde la modernidad”, en Las mujeres y los niños primero. Discursos de la maternidad. Ángeles de la Concha y Raquel Osborne (coords.). Icaria Editorial S. A., Barcelona.