Niño

Hijos únicos:

Mito o realidad

Mito o realidad

“YO, yo y yo" ¿mito o realidad? Para muchos, el hijo único tiene el designio de cargar sobre sus espaldas todo lo que sus padres podrían repartir entre su prole. La revista Sophía te invita a leer esta interesantísima entrevista a Susan Newman, psicóloga estadounidense especialista en relaciones familiares.

Mito o realidad

Nunca me habría dado cuenta.  No parecés...”, me dijeron una vez. “¿No parezco qué?”, pregunté. “No parecés hija única”. La respuesta me sorprendió. ¿No haber tenido hermanos ni hermanas me ponía en alguna categoría especial? ¿Me había salvado de alguna enfermedad que sólo padecen los hijos únicos? A los que cuando era chica me preguntaban si hubiese querido tener hermanos, yo les respondía si ellos hubiesen querido ser hijos únicos. Ésa siempre había sido mi realidad y no conocía otra. Con sus ventajas y sus desventajas, con todos sus momentos de paraíso y de infierno, la experiencia de ser hijo único no es peor ni mejor; es, simplemente, distinta.

Para muchos, el hijo único tiene el designio de cargar sobre sus espaldas todo lo que sus padres podrían repartir entre su prole. El amor, los miedos, las expectativas, las responsabilidades o la atención se centran en ese único chico. Son los protagonistas de la escena y los destinatarios absolutos de los mimos y los elogios, pero también, de las exigencias y los mandatos familiares. Y según la creencia popular, esto puede tener consecuencias: malcriado, egoísta, mandón, solitario o dependiente son sólo algunos de los rótulos que suelen llevar a cuestas.

Aunque para muchos son pequeños tiranos que se crían en el seno de una familia que sólo tiene ojos para ellos, algunos hijos únicos, como Isaac Newton, Leonardo da Vinci o Mahatma Gandhi, bastarían para echar por tierra esa idea.

Por varias razones, que van desde lo económico hasta lo emocional, las parejas –o los padres solteros o los separados– que crían un solo chico son cada vez más: el 20% de las familias de todo el mundo tienen un hijo único y, en las grandes ciudades, este porcentaje alcanza el 30%. ¿Cómo son estos chicos que en su infancia son el ombligo del mundo familiar y, de adultos, se convierten en el único sostén emocional de sus padres? ¿Son distintos por crecer sin hermanos? ¿Están destinados a convertirse en dictadores? ¿Es posible criarlos sin malcriarlos?

Durante una charla con Sophia, la psicóloga estadounidense Susan Newman, especialista en relaciones familiares y autora de varios libros sobre el tema, explica cuáles son los mitos que se crean alrededor de ese único hijo, qué puede esperarse de él o de ella y qué es lo que los padres pueden hacer para que crezcan como adultos capaces de llevar una vida plena y equilibrada.

  • Hasta hace no tanto tiempo, los matrimonios tenían varios chicos, pero ahora tener un solo hijo parece ser una tendencia que va en aumento.

La imagen de la familia tradicional de padre, madre y dos hijos que se tenía desde hace años definitivamente ha cambiado. En el nuevo siglo, hay varias razones por las que las familias con un solo hijo son una realidad cada vez más difundida: la mayor inserción de las mujeres al mundo laboral y su desarrollo profesional, el hecho de que las parejas se casen cada vez más tarde, una mayor tasa de infertilidad, el aumento de los divorcios, las mayores exigencias económicas o una conciencia más crítica respecto de las responsabilidades a la hora de criar a un niño. Cada vez hay más mujeres que conciben a su primer hijo a partir de los 35 años y faltan políticas laborales que sean un verdadero soporte en la crianza de los chicos. Pero además de todos estos factores, se está reforzando la idea de que tener un solo hijo no es algo malo. La imagen del hijo único está cambiando, lentamente, pero lo está haciendo. Las personas ya no son tan críticas.

  • Sin embargo, los hijos únicos cargan con una larga lista de estereotipos. Se dice que son mandones y egoístas…

Ser egoísta significa no poder ponerse en el lugar del otro y pensar que el mundo gira alrededor de uno, y la verdad es que todos los chicos en algún punto de su vida tienden a actuar de esta forma. Pero en el caso de los hijos únicos se cree que ésta es una constante en su vida, que son criados sin aprender a compartir y queriendo imponer su voluntad siempre. Este mito viene desde hace años, pero no tiene ninguna base científica que lo avale. Por el contrario, cientos de estudios demuestran que los hijos únicos no son muy diferentes de los que tienen hermanos. Lo cierto es que el estilo de crianza de los padres, más que el número de hijos que tengan, es lo que determinará cómo será ese chico.

Los estereotipos sociales muestran al hijo único como mandón o queriendo imponerse frente a los demás. Sin embargo, ellos rápidamente aprenden que ser el centro de la escena sólo funciona en su casa y que esa actitud no le sirve con sus amigos. Una actitud autoritaria y egoísta es un camino seguro para quedarse sólo y, a falta de hermanos, eso es lo que menos quieren los hijos únicos. Ellos,más que nadie, desean integrarse y ser queridos en los grupos de pertenencia.

  • Claro, en su casa no tienen hermanos para jugar.

Sí, y en ese sentido, es verdad que los chicos de familias numerosas disfrutan de ciertas ventajas, que incluyen tener tanto compañeros de juegos como rivales. Esto ayuda a que los hermanos se definan dentro de su grupo familiar y a quese enseñen mutuamente a resolver conflictos, que es una habilidad que las personas aplican en sus trabajos, en sus matrimonios y en sus demás relaciones cotidianas. Si se tiene un solo hijo, los padres deben asegurarse de que tenga primos o amigos con los que pueda aprender a compartir, a desarrollar la empatía o a resolver conflictos.

  • La necesidad de verlo feliz nos puede llevar a darle demasiado. ¿Es posible evitar que esto suceda?

Es una realidad que las expresiones de necesidad de un hijo único pueden ser respondidas de manera inmediata,mientras que un chico con hermanos deberá “hacer cola” para ser atendido. Aprender a esperar se vuelve, entonces, una lección vital. Pero existe un especial estereotipo que sostiene que todos los hijos únicos son malcriados, por la creencia popular de que los padres les brindarán todos los recursos que están a la mano para hacerlos felices, aunque esto signifique quebrar los límites que ellos mismos han impuesto. Sin embargo, ser malcriado no es una característica intrínseca de los hijos únicos. Las raíces de este problema deben buscarse en los padres, que son los que finalmente sucumben ante el afán consumista y las presiones sociales.

  • Está diciendo que hay malcriados en todos lados.

Estamos frente a una generación de padres a la que le cuesta decir “no” y ésa es la principal razón por la que existen chicos que cada vez demandan más. Existen malcriados en las familias de todos los tamaños. Nadie se sorprende si los chicos de una familia tienen una computadora de última generación; pero si es un hijo único, rápidamente lo tildan de malcriado. Lo que se necesita es más padres que puedan resistirse al reclamo de sus hijos y puedan superar la temporaria infelicidad que les provoca la palabra “no”.

  • ¿El hecho de ser el único niño de la casa puede hacer que los padres quieran convertirlo en un miniadulto?

Cuando hay más chicos que adultos dentro de una casa, es seguro que los chicos dominarán la escena. El tema se vuelve más difícil cuando ocurre lo contrario. Muchos padres de hijos únicos tienden a incluirlos demasiado en su vida de adultos: los llevan a espectáculos o a comer a un restaurante y esperan que sus hijos tengan un grado de sofisticación más parecido al de sus amigos que al de un niño. Aunque esta exposición al mundo de los adultos puede resultar atractiva para un chico, la verdad es que ellos no están interesados en lo que esta sucediendo en la Bolsa. Lo que un chico necesita es interactuar con otros chicos y hacer programas de chicos. El asumir roles de adulto anticipadamente no sólo les hace perder la espontaneidad característica de esta etapa de la vida, sino que los puede llevar a alejarse de sus pares e impedirles separarse lo suficiente de sus padres para poder vivir una vida independiente.

  • ¿Puede volverse más posesiva la relación entre el chico y sus padres?

Si la relación es un tanto posesiva, surgirá un condimento ineludible: la culpa. Los padres que le dieron todo a su hijo, le reclamaran que él haga lo mismo. Esto es imposible de lograr, porque sus roles son diferentes y no reversibles. Ni el hijo debe convertirse en el centro de la vida de los padres, ni ellos en lo único en la vida de su hijo. Por eso, la socialización, desde temprano, es tan importante. El peor pecado sería no socializarlo, limitarlo a la vida entre sus padres.

  • ¿Y qué pasa cuándo la relación se potencia porque se trata de un hijo único que vive sólo con su madre o con su padre?

La cantidad de hijos únicos que viven con un solo padre es cada vez mayor. Esto se debe a muchos factores, sobre todo al aumento de los divorcios, pero también a la decisión de varias mujeres de tener un hijo aunque no formen pareja. La realidad es que dos padres no son necesariamente mejores que uno. En una familia en la que los padres se llevan mal, un chico puede sufrir un daño emocional irreparable; en cambio, en una casa en la que hay amor, respeto, aunque solo viva con uno de sus padres, un niño puede crecer feliz. No es fácil criar sola a un hijo y más difícil es no caer en una relación simbiótica. En esos casos, hay que tener cuidado con la intensidad de los vínculos, porque no hay un tercero que interfiera en esa relación. Por eso, los padres tienen que asegurarse de que haya otro adulto importante en sus vidas, y de que no sea el hijo quien ocupe ese lugar. Además, los niños deben sentir que son amados por una gran cantidad de gente, no sólo por su madre. Hay que hacerles saber que os quieren sus abuelos, sus primos y su padre, si vive y lo ve.

Y no hay que hacer que el niño sienta que es el centro del se enseñen mutuamente a resolver conflictos, que es una habilidad que las personas aplican en sus trabajos, en sus matrimonios y en sus demás relaciones cotidianas. Si se tiene un solo hijo, los padres deben asegurarse de que tenga primos o amigos con los que pueda aprender a compartir, a desarrollar la empatía o a resolver conflictos.

  • La necesidad de verlo feliz nos puede llevar a darle demasiado. ¿Es posible evitar que esto suceda?

Es una realidad que las expresiones de necesidad de un hijo único pueden ser respondidas de manera inmediata,mientras que un chico con hermanos deberá “hacer cola” para ser atendido. Aprender a esperar se vuelve, entonces, una lección vital. Pero existe un especial estereotipo que sostiene que todos los hijos únicos son malcriados, por la creencia popular de que los padres les brindarán todos los recursos que están a la mano para hacerlos felices, aunque esto signifique quebrar los límites que ellos mismos han impuesto. Sin embargo, ser malcriado no es una característica intrínseca de los hijos únicos. Las raíces de este problema deben buscarse en  los padres, que son los que finalmente sucumben ante el afán consumista y las presiones sociales.

  • Está diciendo que hay malcriados en todos lados.

Estamos frente a una generación de padres a la que le cuesta decir “no” y ésa es la principal razón por la que existen chicos que cada vez demandan más. Existen malcriados en las familias de todos los tamaños. Nadie se sorprende si los chicos de una familia tienen una computadora de última generación; pero si es un hijo único, rápidamente lo tildan de malcriado. Lo que se necesita es más padres que puedan resistirse al reclamo de sus hijos y puedan superar la temporaria infelicidad que les provoca la palabra “no”.

  • ¿El hecho de ser el único niño de la casa puede hacer que los padres quieran convertirlo en un miniadulto?

Cuando hay más chicos que adultos dentro de una casa, es seguro que los chicos dominarán la escena. El tema se vuelve más difícil cuando ocurre lo contrario.Muchos padres de hijos únicos tienden a incluirlos demasiado en su vida de adultos: los llevan a espectáculos o a comer a un restaurante y esperan que sus hijos tengan un grado de sofisticación más parecido al de sus amigos que al de un niño. Aunque esta 4 exposición al mundo de los adultos puede resultar atractiva para un chico, la verdad es que ellos no están interesados en lo que esta sucediendo en la Bolsa. Lo que un chico necesita es interactuar con otros chicos y hacer programas de chicos. El asumir roles de adulto anticipadamente no sólo les hace perder la espontaneidad característica de esta etapa de la vida, sino que los puede llevar a alejarse de sus pares e impedirles separarse lo suficiente de sus padres para poder vivir una vida independiente.

  • ¿Puede volverse más posesiva la relación entre el chico y sus padres?

Si la relación es un tanto posesiva, surgirá un condimento ineludible: la culpa. Los padres que le dieron todo a su hijo, le reclamaran que él haga lo mismo. Esto es imposible de lograr, porque sus roles son diferentes y no reversibles. Ni el hijo debe convertirse en el centro de la vida de los padres, ni ellos en lo único en la vida de su hijo. Por eso, la socialización, desde temprano, es tan importante. El peor pecado sería no socializarlo, limitarlo a la vida entre sus padres.

  • ¿Y qué pasa cuándo la relación se potencia porque se trata de un hijo único que vive sólo con su madre o con su padre?

La cantidad de hijos únicos que viven con un solo padre es cada vez mayor. Esto se debe a muchos factores, sobre todo al aumento de los divorcios, pero también a la decisión de varias mujeres de tener un hijo aunque no formen pareja. La realidad es que dos padres no son necesariamente mejores que uno. En una familia en la que los padres se llevan mal, un chico puede sufrir un daño emocional irreparable; en cambio, en una casa en la que hay amor, respeto, aunque solo viva con uno de sus padres, un niño puede crecer feliz.

No es fácil criar sola a un hijo y más difícil es no caer en una relación simbiótica. En esos casos, hay que tener cuidado con la intensidad de los vínculos, porque no hay un tercero que interfiera en esa relación. Por eso, los padres tienen que asegurarse de que haya otro adulto importante en sus vidas, y de que no sea el hijo quien ocupe ese lugar. Además, los niños deben sentir que son amados por una gran cantidad de gente, no sólo por su madre. Hay que hacerles saber que los quieren sus abuelos, sus primos y su padre, si vive y lo ve. Y no hay que hacer que el niño sienta que es el centro del universo; él tiene que entender que su madre también tiene  una vida. Cuando una mujer llega a su casa al final del día, debe poder explicarle a su hijo que lo ama pero que está cansada y necesita su colaboración, que en ese momento no puede estar 100% para él y que también necesita un poco de tiempo para ella.

  • ¿Cómo manejamos las expectativas con un solo hijo?

Todo padre quiere lo mejor para su hijo. Si un chico sabe que sus padres tienen expectativas respecto de él, puede llegar a sentirse más motivado para alcanzarlas. Los chicos cuyos padres tienen pocas expectativas pueden estar tentados de tener poco para dar. Insistir en que no dejen las cosas a medio hacer y estimularlos a seguir adelante es una buena enseñanza. El problema es que las expectativas estén fuera de la realidad o que sean tantas que el chico quede ahogado o se vuelva un perfeccionista obsesivo difícil de complacer y complacerse. Si los chicos se sienten abrumados por las expectativas de sus padres y creen que su amor esta condicionado a su cumplimiento, esto puede derivar en un perfeccionismo extremo que les haga pensar  que nadie puede hacer las cosas mejor que ellos. Este aparente signo de fuerza y confianza termina convirtiéndolos en personas que difícilmente pueden delegar o trabajar en equipo, o en seres ahogados por la autoexigencia.

  • Acostumbrado a ser el centro de atención, ¿es difícil para el hijo único encontrar pareja?

Es verdad que en los vínculos demasiado simbióticos se hace difícil la entrada de un nuevo miembro en el “triángulo amoroso”. Será difícil que la pareja funcione si el hijo único no logra despegarse de esa situación. Los padres deben recordar que algún día una persona vivirá con su hijo. Mucha gente dirá que es difícil ensamblarse, que siempre estarán buscando alguien que los alabe, que los mime y que los quiera no importa lo que hagan o cómo sean. Pero yo creo que no es la norma. Relacionarse con los demás es algo que se aprende desde pequeño. Todo chico quiere y ansía estar con sus pares, y si los padres lo han ayudado a socializar, esto será así. Los hijos únicos tienden a ser muy leales, porque valoran la amistad y la necesitan. Además, los chicos de familias numerosas que deben estar todo el tiempo luchando en casa por conseguir atención tampoco serán adultos que puedan tener una buena relación. Un hijo único demasiado consentido y un chico con hermanos que no se ha sentido querido son los dos extremos de una ecuación que no termina siendo buena en ninguna relación.

  • Cuando los padres envejecen, el hijo tiene nuevas responsabilidades y no tiene con quien compartirlas. ¿Es posible prepararlos para que no se sientan presionados?

Es verdad que el hijo único está solo para hacerse responsable por el cuidado de sus padres cuando éstos envejecen. Muchos piensan que ésta es la peor parte de la historia y el precio que deben pagar por los años de dedicación exclusiva. Es decir, lo que parecía ser un reinado se convierte en un sinfín de situaciones difíciles de sobrellevar. Nadie con quien compartir sus enfermedades, su muerte o los recuerdos de esa familia que fue. Deberán aprender a pedir ayuda, algo que no siempre es fácil, y también podrán entender que “familia” no siempre significa lazos de sangre. Además, tener hermanos no garantiza que esto sea diferente e incluso, a veces, la situación se vuelve peor: hay algunos que quieren ayudar, pero por la distancia u otra circunstancia, no pueden hacerlo; otros directamente ignoran el problema o por cuestiones emocionales no sirven de ayuda, pero se sentirán con derecho a opinar y hasta criticar. A pesar de que haya muchos hermanos, siempre habrá uno que se ocupe más, y generalmente será una mujer. Por eso, el hijo único tiene una ventaja: sólo él decidirá qué hacer, sin tener que dar explicaciones a nadie. Y cuando necesite apoyo emocional, podrá recurrir a aquellos que configuran su red de contención: tíos, primos, su pareja y también amigos cercanos. Los padres que estimulen a su hijo a buscar amigos, a relacionarse con otros miembros de la familia, no sólo estarán formando un hijo independiente, sino que también lo ayudarán a crear esa red de contenciión que les será de utilidad en los momentos en que necesiten el apoyo afectivo.

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