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El sueño del bebé

Dormir bien es fundamental para recuperar energías perdidas en períodos de vigilia.

 

“Nunca hubo un bebé tan bueno que su mamá no quisiera poner a dormir”. Todas las madres estarán de acuerdo con esta frase, ya que el sueño ocupa una de las principales preocupaciones de una mamá, casi con la misma preponderancia que la inquietud por la alimentación. “¿Duerme poco? ¿Mucho? ¿De la forma adecuada? ¿Por qué no duerme?”, son algunas de las preguntas que se hacen las mamás ante el recién nacido. Más adelante esta pregunta se transforma en “¿cuándo se dormirá solo?”.
 
 
 
El sueño es un proceso fisiológico fundamental para el ser humano, tanto niño como adulto. Mediante él se recuperan las fuerzas físicas y mentales, se segrega la hormona que interviene en el crecimiento como la somatotropina y se dan procesos mentales como los relacionados con la memoria.
 
 
La falta de descanso nocturno altera el ritmo circadiano -propio de la especie y que está regulado internamente- y como el sueño no es acumulativo el individuo no puede recuperar lo que no durmió en una siguiente oportunidad o en un horario distinto al que estaba acostumbrado a descansar. El cuerpo requiere un tiempo de adecuación a cualquier cambio de este ritmo.

Durante la noche se producen alternadamente ciclos de sueño profundo y superficial. El primero es el de mayor descanso, y el segundo -también denominado REM (rapid eye movement , por el movimiento de los ojos que se produce en él)- se caracteriza por una pérdida mayor de energía del individuo y es cuando se produce el soñar.
 
 
 
Todas las personas se despiertan durante la noche y eso también hace el bebé. Por lo general, se vuelve a conciliar el sueño por sí solo, tal vez modificando alguno de los motivos que ocasionó el malestar que produjo el despertar - abrigándose más o tomando agua- o quizás ni siquiera existe conciencia de ese despertar: se cambia de posición y se retoma el sueño. El bebé hace lo mismo, pero muchas veces sucede que ante el mínimo murmullo la mamá sin experiencia prende la luz para observarlo, intenta levantarlo creyendo que quiere alimentarse y lo priva de continuar durmiendo.


 
Trastornos del sueño


 
Suelen presentarse en los bebés aproximadamente alrededor del sexto mes: se despiertan varias veces durante la noche, especialmente si se modificó la situación en la que se durmió. Por ejemplo, si se durmió en los brazos maternos y más tarde se despierta superficialmente en la cuna, este cambio de situación lo alertará aún más -porque reconoce que no están dadas las mismas condiciones en las que se durmió-. Consecuentemente, se despertará más y querrá volver a dormirse en las condiciones iniciales. Esta pauta de alarma es instintiva y hasta los adultos la respetan -aunque el adulto ya sabe cómo ayudarse a retomar el sueño y buscar las condiciones iniciales en que concilió el sueño por sí mismo-. El bebé lo manifiesta llorando y pidiendo ayuda.
 
 
 
Otro trastorno es cuando duerme las horas necesarias, pero con el horario desplazado. Por ejemplo, en vez de comenzar a dormir a las nueve de la noche lo hace a las doce: se acuesta tarde y se despierta más tarde.


 
Algunas pautas para lograr un buen dormir


Es importante y merecido que tanto los padres como el bebé logren un buen descanso nocturno. Si se ha logrado, esto se reconoce por un despertar descansado y con disposición de energía para encarar las tareas cotidianas. Ese debería ser el objetivo -tal vez no realizable en el corto plazo, pero sí a mediano y largo plazo-. No dormir bien altera la rapidez de los procesos intelectuales y la función motora.

La actitud de los padres hacia el sueño es fundamental. Por ejemplo, la creencia de los papás de que es lógico que un bebé se despierte varias veces de noche, muchas veces alienta este tipo de comportamiento en el niño, porque se lo encuentra natural. También el hecho de que los padres tengan problemas previos a la llegada del bebé para dormir: a ellos quizás les resulte natural que su bebé no logre una noche completa de descanso nocturno, si a ellos mismos les cuesta lograrlo.

Si el bebé llega a una de las fases de sueño superficial, puede encontrar dificultades para volver a dormirse. Hay que intentar que lo logre nuevamente y llegue a la fase de sueño profundo. Y no por ejemplo, creer que ya no quiere dormir más y despertarlo del todo para ofrecerle comida, brazos u otro estímulo que lo distraiga del sueño.

Lograr un buen dormir es un hábito.

Para volver a dormir al bebé: no es bueno levantarlo en brazos inmediatamente a la primera queja leve. Se puede comenzar determinando qué factor puede haber afectado su sueño -mayor claridad, ruidos, el hecho de verse en la cuna cuando él se quedó dormido en brazos-, y tratar de modificarlo.

Si se le impide al bebé volver a dormirse por sus propios medios -siempre y cuando sea capaz de hacerlo, y no tenga hambre u otra necesidad acuciante, por ejemplo-, se le estará dificultando el adquirir un hábito sano.

Dejar que el bebé concilie el sueño por su cuenta, no significa desampararlo, ni adoptar una actitud prescindente de las necesidades del niño. Por eso, la mamá debe estar pendiente de las mismas, pero con actitud vigilante para acudir en el caso de que se la necesite.

Estas pautas para aprender a dormirse deberán adecuarse si el bebé tiene necesidades especiales temporales, como ser  estar atravesando una enfermedad respiratoria, por ejemplo.

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Julieta Dijo:
28/12/2009 02:08:25 p.m.

Hola me encantó la nota. Quisiera saber, tengo un bebé de 1 mes y medio y a mi parecer duerme demasiado. Crece bien y se alimenta, pero en realidad no se cuanto debe dormir porque de día a veces duerme 5 horas seguidas. De noche hace seis horas seguidas. Si pueden contestarme esa inquietud. Desde ya muchisimas gracias por acompañarme siempre.
julieta

 

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