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Jugar con otros niños:

¿A partir de cuándo?

¿A partir de cuándo?

En plena etapa de egocentrismo, es difícil que los chicos compartan el juego con otros niños de la edad. Consejos para invitar a un amiguito a casa.

¿A partir de cuándo?

Es el volante de un auto de carrera. Un teléfono. Un bote. Una plancha. En realidad es un simple platito de plástico, pero en manos del chico de dos años puede convertirse en lo que su imaginación dicte a cada momento. De esto se trata justamente el juego simbólico, que es característico de los chicos de esa edad. Es ese “como si” que transforma a las cosas reales a la medida de sus gustos y necesidades.

El juego compartido

Frente a un mismo objeto, cada chico creará su propia historia y organizará en torno a ella su juego. Pero difícilmente en esa actividad estén incluidos los demás. La licenciada Claudia Novillo, especialista en Crianza y Adopción de Gestando, ilustra: “Al observar una salita de jardín, por ejemplo, uno ve que todos están jugando sentados en una ronda, pero es un juego solitario y paralelo, están al lado del otro, no con el otro. El juego compartido es un aprendizaje posterior”. Lo mismo ocurre cuando comparten el cuarto de juegos con sus hermanos mayores.

Sin embargo, la experiencia del juego paralelo es valiosa porque es un primer paso hacia la socialización. “Socializar implica poder compartir, cosa que no es fácil porque es una época en la que el chico es puramente egocéntrico y compartir supone descentrarse y entender que hay otro”, subraya la especialista. El adulto puede contribuir a este proceso participando en el juego con un papel radial, es decir, como mediador entre los pequeños y elemento de apertura. Indicaciones como: “Dale este juguete a él” o “¿Viste la torre que armó ella?”, ayudan a incorporar al otro.

Muchos niños de dos años tienen contacto con otros de su edad en el jardín de infantes. Para los que aún no asisten, estas experiencias sociales llegan con las idas a la plaza, los cumpleaños o las visitas a otros amiguitos de la edad.

Invitar un amiguito a jugar en casa

Dos madres amigas con hijos de la misma edad: parece la ecuación perfecta para una tarde entretenida para los cuatro. Sin embargo, antes de los tres años, una invitación a jugar no suele ser algo tan fácil. En palabras de la especialista: “Invitar un amiguito requiere un mínimo de preparación y un máximo de predisposición”.

El mínimo de preparación consiste en elegir el lugar donde jugarán y con qué. Los juguetes deben ser variados y estar a disposición –que no tengan que treparse para alcanzarlos- y organizados. “Es bueno que haya un cierto orden en la presentación de los juguetes. En lugar de un gran baúl con todo mezclado, disponerlos en distintos recipientes: la caja de los autitos, la bolsa de los bloques, el canasto de las muñecas. Esto los ayuda a organizar el juego y también a ordenar”, sugiere. No es necesario que sean sofisticados ni costosos: con un poco de imaginación se crean programas entretenidos y estimulantes como trasvasar fideítos, esconderse en una sábana o disfrazarse con ropa que no se use.

El máximo de predisposición implica que la frase “nos tomamos un cafecito mientras ellos juegan” es una utopía. Tanto el dueño de casa como el invitado probablemente necesiten de la presencia de su mamá. El primero para lidiar con la idea de que alguien entre en su cuarto y le use sus juguetes; el segundo, para animarse y acercarse al juego. “Es importante diferenciar que los centros de interés son muy variados. A esta edad son muy inquietos y motores. Pasan de un juego al otro en minuto, sacan, usan, tiran, rompen. El tiempo de juego es breve. Como mucho, podrán aguantar una hora o una hora y media”, agrega la especialista. Además del juego en sí, se recomienda ofrecer otras oportunidades para compartir, como la merienda.

Todo momento de juego termina con un mismo rito: ordenar. Es bueno que los chicos participen en esta tarea, imitando a los adultos, independientemente de que no puedan hacerlo bien. “Es bueno ir anticipando el fin del juego. La actividad lúdica es demasiado importante como para interrumpirla bruscamente o sin razón. El orden es un marcador de que está terminando”, apunta.

Cómo enseñarle que cuando está en otras casas, tiene que aceptar otras reglas

De visita en casa ajena, los niños pueden encontrarse con otras maneras de hacer las cosas. Verónica, mamá de Pablo y Federico, cuenta: “A los chicos en casa no los dejo andar descalzos y jamás tienen problema con eso. Pero cuando van a lo de los primos, que andan siempre descalzos, instantáneamente se sacan las medias y las zapatillas, no se las dejan puestas ni un minuto”.

La especialista explica por qué se dan las situaciones como las que cuenta esta mamá: “A esta edad la capacidad de asumir pautas todavía está en proceso y los chicos son altamente imitativos –‘Si el otro sube a la silla, yo también’–. Su organización temporal es el ahora y son altamente reactivos al ambiente donde están. La mamá puede empezar a marcar la diferencia explicándole cómo hacen las cosas en su casa”.

El éxito de una tarde de juegos depende en gran medida de las expectativas previas. “Al insertar a los chicos socialmente, hay que tener claro qué es lo que se espera de estos encuentros. Si la idea es que empiecen a tener contacto con otros pares, el resultado va a ser bueno. Pero si se pretende que no se peleen y puedan compartir, nunca va a salir bien”, advierte la licenciada Novillo.

Con expectativas realistas, un mínimo de preparación y un máximo de predisposición las mamás pueden brindarles a sus hijos enriquecedoras experiencias de socialización y juego. Cada minuto que esos chicos pasen jugando está contribuyendo a la construcción de su subjetividad. El esfuerzo vale la pena. 

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