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5 años

Desarollo del niño

Ingreso escolar: desafío de los grandes

Ingreso escolar: desafío de los grandes

En esta nota, materna dialoga con la Licenciada en Psicopedagogía, Florencia Amaya. Su conocimiento de padres y alumnos a través de su experiencia nos revela consejos y la actitud más acertada para adoptar durante el ingreso escolar de los niños.

Ingreso escolar: desafío de los grandes

Corridas, reuniones, averiguaciones, uniformes, cambios de horario … parecen el fin.

Una nueva etapa está por comenzar … o ya se apropió de la tranquilidad de los juegos del jardín de infantes.

Toca pasar a primer grado, y no se sabe en qué colegio anotar a mi hijo: ¿Cuál será el mejor? ¿En cuál se adaptará más? ¿Quiero que sea bilingüe? ¿Qué quede cerca?

En esta nota materna dialoga con Florencia Amaya , psicopedagoga que trabaja en un colegio de Beccar desde hace más de 10 años. Su conocimiento de padres y alumnos a través de su experiencia nos revela consejos y la actitud más acertada para usar en esos momentos.

¿Qué significa el paso de Jardín a Primer grado?

Es importante tener un diagnóstico del desarrollo de las habilidades necesarias para la lecto-escritura y el cálculo: conciencia fonológica, madurez psicomotriz, interés por el entorno, organización espacial, atención y concentración, capacidad de socialización e independencia afectiva. Este diagnóstico generalmente se hace en el último semestre del pre-escolar y sirve para ayudarlo a adaptarse según sus características personales.

Los chicos que cumplen los 6 años y han entrado al año académico suelen notar esa diferencia de meses: les cuesta más adaptarse, se cansan más, son más lentos para trabajar y se dispersan más. Estas dificultades están previstas y por eso en primer ciclo se trabaja mucho por niveles, respetando el ritmo de desarrollo de cada niño.

¿Qué abarca en esta etapa la adaptación?

Tiene que ver con la actitud de los padres y especialmente de la madre. En general el problema de salir de casa y adaptarse a una institución lo tuvieron cuando ingresaron al Jardín, lo que pasa es que el primero es más simple. La madre que vive ese cambio temerosamente o angustiada o sobre exigida, va a trasmitir ese sentimiento en el chico.

La actitud positiva es la de “aceptar nuevos desafíos” Las cosas nuevas pueden generar inseguridad pero pasado el primer momento nos producen satisfacción por haber superado las dificultades. Esto sirve para educar en el valor del esfuerzo. Hay que darle el poder a los hijos para que sientan ese desafío y que lo vivan como algo normal e incluso hasta divertido, de esa manera los preparamos para ser investigadores, inquietos intelectual y socialmente y sobre todo con seguridad en sí mismos.

¿Qué significa el ingreso a primer grado?

El ingreso a primer grado marca un hito en la historia familiar, así como el primer hijo, suele marcar un cambio en el matrimonio: los cambios de etapa muestran los años que se llevan juntos y el valor del proyecto familiar que se tiene entre manos. Suelen ser momentos indicados para mirar para atrás y “pesar” nuestras experiencias como padres. El cambio de etapa es lo que marca el paso del mundo infantil al  mundo de las responsabilidades: pareciera que todo se pone más “serio”: los horarios, el cuaderno, la cartuchera, el uniforme… Muchas veces en este paso se desliza un mensaje inconsciente: “el error es más grave en primaria que en el Jardín”  Sin darnos cuenta el miedo al fracaso presiona con mayor fuerza. Este primer sentimiento es importante superarlo ya que parte importante del proceso de aprender está en saber utilizar inteligentemente el “ensayo y error”.

Todo el primer ciclo es un gran camino de preparación en este sentido. Por otro lado el “ser más grande” puede ser tomado como un desafío que independiente de los temores que genere puede producir en el niño y en sus padres una gran expectativa positiva donde se pondrán en juego la personalidad y las capacidades del chico. Esto es positivo. El ingreso a primer grado suele ir precedido de una etapa de aburrimiento y a veces de dificultades de conducta en el Jardín debido a que el chico ya alcanzó la madurez necesaria para estar en otro nivel y por eso se vive como una solución que tira para arriba e impulsa a asumir el cambio.

¿Qué hay que tener en cuenta para elegir el colegio?

Lo primero es buscar una institución que coincida en los valores y criterios de la propia familia. No siempre hay una coincidencia absoluta pero hay que tener en cuenta que de ese entorno saldrán los amigos del niño y el estilo de vida de las familias del colegio es el que va a condicionar la vida social de los propios hijos. Los valores y el concepto básico de persona de un colegio se pueden encontrar en el Ideario de la institución. Generalmente es lo primero que nos dan a leer cuando nos acercamos a pedir información. Los valores de la institución también se ven al conocer personalmente a los directivos: el modo de ser de un directivo nos muestra indirectamente lo que para esa persona es importante en la vida. Es conveniente preguntarle cómo se capacitan los maestros, si existen profesores full time, cómo se trabaja con los niños con dificultades, cómo se comunican los maestros con las familias...

Para conocer el colegio, además de tener entrevistas con los directivos, es importante verlo en funcionamiento, recorrerlo y preguntar todo lo que nos llame la atención.

Las preguntas hay que pensarlas un poquito: tenemos que saber qué ideas tienen sobre educación en general, como se tratan los casos difíciles, como se maneja la disciplina, cómo es la comunicación con maestros y profesores, cómo son las reuniones de padres, si cuentan  con gabinete psicopedagógico, etc.

También es fuente de información lo que nos puedan decir otros padres o personas que hayan trabajado allí.

Hay un “ambiente escolar” que se respira cuando uno recorre el colegio.  Es bueno preguntarse ¿Yo dejaría mi hijo acá 8 horas? ¿Estaría tranquila?

Es importante conocer las características personales de nuestro hijo. En general una familia se “compra” un colegio para todos los hijos, pero a veces hay chicos que no encajan en algunas modalidades: porque necesitan un seguimiento más personalizado, o aulas con menos alumnos, o  un colegio que sea más flexible. En esos casos no hay que dudar y seguir buscando el que mejor se adapte a las necesidades del niño. No es raro encontrarse chicos que desarrollan un trastorno de aprendizaje simplemente por estar en el colegio equivocado.

La ubicación física también es un tema: según las organizaciones familiares, trabajos, posibilidades de traslados, etc. En este sentido también hay que tener en cuenta los traslados que supongan los programas de fines de semana.

Dos consejos a tener en cuenta:

Lo primero es tener confianza en uno mismo como padre, en el chico y en el Jardín al que acudió antes. Todo lo que hicimos como padres y el trabajo de los docentes han preparado al niño para afrontar este cambio. Muchos Jardines preparan a los chicos para ese paso: a veces se va a visitar el sector de primaria, se empieza a pedir que traigan una cartuchera “como la que se usa en primer grado…” etc. Es importante acompañar desde casa esos temas para que el chico se acostumbre a ver los pasos de etapa como “desafíos que están dentro de mis posibilidades” y no como algo peligroso.

Hablar del tema en casa: la idea es transmitirles la confianza en sí mismos para adaptarse a los cambios. Un chico que ha desarrollado una autoestima saludable, tiene ganas de crecer, le gusta el desafío de no seguir haciendo lo mismo que antes. Esta actitud está en la base de los  aprendizajes futuros: saber más siempre significa cambiar, tener que asumir otras responsabilidades y eso por un lado cuesta y por el otro produce satisfacción. Todo esto se transmite con la actitud que toman los padres frente a la nueva etapa: Ni minimizarla como si no pasara nada ni tampoco llenarla de fantasmas. Es bueno vivir el inicio de clases como una fiesta y estar muy atentos a la vuelta para escuchar y disfrutar del desafío.

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