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Desarrollo del bebé en el segundo trimestre

Desarrollo del bebé en el segundo trimestre

Características físicas del bebé en este período. El dilema de conocer o no el sexo.  

Desarrollo del bebé en el segundo trimestre

El comentario es casi unánime: entre fines del tercer mes y mediados del cuarto, las mamás comienzan a sentir unas burbujitas dentro de su cuerpo. Y esas burbujitas no son otra cosa que las primeras percepciones de que el bebé se está moviendo, aunque lo viene haciendo de mucho antes.

Ante esta sensación surge una pregunta cuya respuesta es sorprendente y que se refiere a la necesidad de saber cómo es el universo de ese bebé que está creciendo dentro de la panza.

A comienzos del cuarto mes de gestación, el bebé mide, aproximadamente, 13 centímetros de longitud vértice-nalga y pesa 60 gramos. Está completo y diferenciado, su cuerpo cambió mucho pero sigue teniendo una cabeza muy grande. Y si bien el sexo se determina en el momento de la fertilización, recién en este momento se puede saber si es mujer o varón a simple vista, a través de una ecografía. Es más, en la semana 20 de gestación las nenas ya cuentan con los 5 millones de óvulos suficientes para toda su vida.

En el cuarto mes, el bebé empieza  a moldear su cara y tiene expresiones: frunce el ceño, gira la cabeza y a fines del sexto mes, abre y cierra los ojos.

Su mundo no es oscuro ni silencioso y la temperatura del útero es ideal. Entre el cuarto y quinto mes ya tiene desarrollado el oído externo con el canal auditivo y la cara externa del tímpano, lo que le permite oír. Pero, ¿qué es lo que oye? . Una música rítmica y acompasada: el ritmo cardíaco de su mamá y el propio. También siente los ruidos gastrointestinales de su mamá y su voz.  Es más, los latidos del corazón y la voz  son un recuerdo vivo y feliz, por eso al nacer se tranquiliza cuando su mamá lo recuesta en su pecho y le habla.

A partir del quinto mes, sus movimientos son más deliberados y coordinados y marcarán, más adelante, el desarrollo de la motricidad fina. Dentro del útero, el bebé juega con el cordón umbilical y parece un acróbata. Aunque no se alimenta por boca, succiona sus dedos y se los lleva a la boca. Cuando no hace "ejercicios", duerme. Todavía tiene lugar para moverse con comodidad. Seguirá creciendo, ganando centímetros y kilos y, entre el séptimo y octavo mes, dejará de dar vueltas para colocarse cabeza abajo.  Luego se encajará y, cuando llegue el noveno mes, estará listo para el encuentro cara a cara con su mamá y el mundo.  

El sexo del bebé: ¿Saber o no saber?

El dilema no es antiguo sino que surgió de la mano de la tecnología. Y si bien la mayoría de los papás desean conocer el sexo del bebé, todavía hay muchos que prefieren esperar al momento del parto.

Victoria Scotti, por ejemplo, madre de Sofía (4 años) y Mateo (2 años), vivió las dos experiencias. "En el primer embarazo decidimos no saber porque no nos importaba si era mujer o varón. Además, quise sentir la experiencia de tener un bebé y enterarme en ese momento de su sexo. Fue increíble. Todo el mundo te dice que siente lo mismo en el parto, sabiendo el sexo del bebé por ecografías previas, pero juro que no es lo mismo porque el nacimiento de mi segundo hijo no estuvo cargado de esa sorpresa”.

En cambio, Magdalena Mariona, primeriza de 7 meses que espera una mujer, dice que buscó conocer el sexo de su bebé porque no soporta la ansiedad y, al saber que es nena, cree tener una noción más certera de cómo será su bebé. "Ya no se trata del bebé indefinido sino de una bebita con un nombre determinado y a la que  le imagino la cara”.

Como se ve, saber o no saber es algo que depende totalmente de la decisión personal o del matrimonio, decisión en la que se ponen en juego muchas de las características de personalidad de los padres, como también el tipo de emotividad con que están viviendo el presente embarazo.

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp

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