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Qué hacer cuando no quieren ir al jardín

Qué hacer cuando no quieren ir al jardín

¡Mamá, no quiero! ¿Me puedo quedar en casa? ¡ No me gusta el jardín! Estas son algunas de las tantas frases que utilizan los pequeños para evitar ir al jardín. Cómo saber por qué no quieren ir y cómo manejar la situación.

Qué hacer cuando no quieren ir al jardín

“Es un problema habitual, sobre todo cuando empiezan las clases, a la vuelta de un fin de semana largo o después de las vacaciones de invierno. Incorporar la rutina de ir al jardín de infantes implica un aprendizaje, sobre todo entre los más chiquitos”, explica la psicóloga  María José Correa. Como se trata, entonces, de un hábito a adquirir, es fundamental que los padres acompañen a sus hijos en el proceso y sean tolerantes de sus tiempos.

Para eso, la adaptación que se hace desde la institución tiene un papel esencial. La manera en que el jardín encara el proceso de familiarización de los chicos con el nuevo ámbito influye directamente en la confianza que en ellos despierta el lugar y en su entusiasmo por asistir. 

Por otra parte, es necesario observar si la resistencia se reitera en varias oportunidades o si se trata de episodios aislados. Ante la negativa insistente de los niños, es importante que los padres dialoguen con sus hijos y averigüen las razones detrás de esa constante falta de ganas. Por un lado, conviene descartar motivos prácticos como el cansancio o la incubación de una enfermedad. Por otro, tener en cuenta conflictos o alteraciones en la vida familiar que puedan estar afectando su estado de ánimo. “Una crisis matrimonial, la muerte de algún pariente, un cambio de cuidador o una mudanza, por nombrar algunos ejemplos, son circunstancias que afectan a los chicos. Su resistencia puede ser una manera de comunicar lo que les está sucediendo”, señala Correa. En ese caso, es bueno ayudarlos a que expresen su angustia y ofrecerles contención y apoyo. 

Una vez considerados los posibles factores en el ámbito familiar, conviene evaluar si el rechazo no tiene que ver con algo que está sucediendo en el mismo jardín. Para eso, el diálogo permanente entre los padres, los docentes y los directivos de la institución es crucial. Una reunión en la que se plantea el problema puede ser esclarecedora y útil para encontrar los motivos. 

“El jardín de infantes o jardín infantil tiene que ser un lugar donde los chicos se sientan cómodos, cuidados y contenidos, un espacio que resulte placentero. El tema es que, a veces, lo que funciona para uno, no resulta igual para otro. Cada experiencia es individual y es bueno que los padres estén atentos a cómo se siente su hijo en ese ámbito”, aconseja la psicóloga. 

En cualquier caso, la negativa de los chicos a la hora de asistir al jardín no tiene que subestimarse. Es probable que no se trate de un mero “berrinche” y que haya motivos válidos que los llevan a tener esa reacción. Son los padres, entonces, los que tienen que prestar atención y aprender a escuchar.

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