
Aunque la receta para ser buenos padres no existe, hay algunos ingredientes que parecen asegurar un buen resultado. Un estudio difundido ayer en Inglaterra demuestra dos de los ingredientes claves para desarrollar el carácter de los niños: amor y límites claros. Un estilo de paternidad que en inglés se ha bautizado como tough love (amor duro o estricto).
El informe, denominado "Formando carácter", analizó las formas de crianza de 9 mil familias. La investigación ha seguido el desarrollo de niños nacidos en el 2000.
Su principal conclusión es que los padres " que combinan afecto y compromiso con una aplicación consistente de las reglas y los límites, tienen hijos que desarrollan de mejor manera habilidades como empatía, iniciativa y autodisciplina", dice Jen Lexmond, autora principal del estudio, realizado por la consultora Demos.
Los padres autoritarios, permisivos y descomprometidos no formarían parte de esta fórmula.
Los chicos criados bajo el lema de “amor estricto” muestran una vez que son más grandes mayor control de sus emociones, más tolerancia a la frustración, más perseverancia, concentración, cooperación y tendencia a completar las tareas.
Estas características -señala el informe- presagian a los niños un futuro exitoso y feliz, porque se trata de capacidades cada vez más valoradas para la convivencia social y laboral.
El amor, como ingrediente fundamental de una buena paternidad suele estar presente en todas las familias. Sin embargo, Lexmond explica que, tras analizar las formas de crianza en las familias del estudio, “ la parte 'estricto' es menos común entre familias de más bajos ingresos, entre padres que carecen de redes de apoyo fuertes y entre los que tienen poca confianza en sus habilidades parentales".
Reglas con afecto
Practicar el "amor estricto" requiere poner en práctica algunos conceptos clave.
"Los padres no sólo deben sentir amor por sus hijos, sino también expresarlo de manera concreta: con palabras, gestos, momentos juntos e interés por escuchar lo que dice el niño", explica la psicóloga Érika Castro, directora del centro de terapia familiar Familia Educa.

Para ella, establecer normas y hacerlas respetar en un contexto de afecto "permite que si el niño las transgrede, se atreva a contarlo y que los padres le ayuden a reflexionar sobre lo que hizo y a buscar una salida. Esto lleva a que desarrolle capacidades como no actuar impulsivamente, respetar la convivencia, tener consideración por el otro y autorregularse".
Para lograr esto de forma adecuada, la experta aconseja "que las normas se instauren de manera clara, explícita y en un clima tranquilo y afectuoso, pero con autoridad. Si, en cambio, establecen reglas en medio de una discusión o discuten las consecuencias de haberlas transgredido cuando están alterados, frustrados o con rabia, los niños quedan más centrados en la emoción del adulto que en el verdadero sentido de la norma".
¿Cómo lograr la disciplina?
Según el estudio, los padres que tiene un estilo de "amor estricto" apuntan a razonar con el niño y apoyarlo, más que a castigar. Además, equilibran adecuadamente la calidez y la receptividad con el control y la exigencia. La idea es cultivar en los chicos la capacidad de valerse por sí solos y regular sus propias emociones, con la necesaria supervisión que debe llevar a cabo un padre involucrado en la vida de su hijo. Es necesario entonces enseñarle a los chicos el sentido de su individualidad al mismo tiempo que se le enseña a situarse mucho más allá de sus necesidades y deseos.
Fuente: El Mercurio
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