viernes, 28 de noviembre de 2014
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El rol del padre en la primera infancia

Entrevista  a la Dra. Alicia Oiberman, doctora en filosofía que desde hace veinte años se especializa en el área de primera infancia y en la técnica de observación de la relación madre-bebé y padre-bebé.

La Dra. Alicia Oiberman explica el rol del padre actual en la primera etapa del bebé. Destaca que aquel que desarrolla sus cualidades paternas debe improvisar ya que no tiene un modelo con el cual identificarse, a diferencia de las madres, que sí lo tienen.

 

¿Cuál es la importancia de la participación del padre en el nacimiento del hijo?

Diversos autores como Winnicott, Parke y Tinsley demostraron que el esposo actúa como soporte emocional de la madre en el período posterior al nacimiento del bebé. La madre para ofrecer un buen holding a su bebé necesita ella misma estar adecuadamente sostenida por su pareja. Sin embargo, el nivel de soporte emocional del padre hacia la madre, por lo general suele estar influenciado o alterado por la extensión del horario de trabajo de ambos y la escasa permanencia en el hogar.

Además de ser clave el soporte emocional que usted señala, ¿cuál es el rol específico del padre en el primer año de vida del niño/a?

El padre es realmente importante no solo como apoyo a la madre sino por su propia contribución a la vida del niño. Si bien en términos generales no tiene la presencia de la madre, su participación facilita en el bebé el desarrollo pausado del sentido del tiempo.

Hacia finales del primer año de vida, el padre intensifica los juegos corporales con su hijo, permitiéndole el desarrollo de su yo corporal. El padre es, entonces, una presencia vital, desde la cual el niño extrae los elementos necesarios para articular su propia identidad y consolidar su estructura yoica.

En este sentido, el hijo tiene la necesidad de alguien que lo ayude a crecer, que lo conduzca hacia su transformación en un hombre. Para ello, es fundamental que el padre ocupe un lugar permanente, no un espacio intermedio. El niño precisa un padre que no sea ni un extraño ni una segunda madre sino un padre hombre que pueda hacer “acto de presencia”. Por tal motivo, es imprescindible que los profesionales de la salud presten una mayor atención a los sentimientos y necesidades psicológicas de los padres en los primeros tiempos de la vida de sus hijos.

 

¿En qué consiste la “Escala de Observación Paterna” que usted elaboró para analizar el vínculo temprano padre–bebé?

La construcción de una Escala de Observación Paterna tuvo por objetivo indagar acerca del impacto emocional que se produce en el padre frente a su hijo recién nacido. Y de qué manera los padres exteriorizaron sus emociones ante estos primeros contactos con el hijo. La EOP se aplicó a 60 padres de bebés durante las primeras 72 horas del nacimiento en el Hospital Materno Infantil Ana Goita (Avellaneda–provincia de Buenos Aires). Los padres tenían entre 18 y 52 años y 27 eran primerizos. Ellos fueron observados durante las visitas que realizaban a sus esposas y bebés en un lapso de aproximadamente 15 minutos. También se realizó una entrevista semidirigida a los padres que  participaron de la investigación. La EOP se dividió en tres partes que tomaban en cuenta las actitudes del padre frente al bebé, el tiempo de permanencia junto al niño y los sentimientos que manifestaban en ese momento.

 

¿Cuáles fueron las principales conclusiones de la EOP realizada?

Los resultados obtenidos llevan a reflexionar que el ser padre emerge ante la presencia real del recién nacido como un potencial innato que posee el hombre pero que se desarrolla ante el nacimiento del hijo. En este sentido, la investigación demostró el compromiso emocional de los padres ante sus recién nacidos y la manera específica de acercamiento hacia el niño, distinto del de la madre. A su vez, lo observado refleja, generalmente, alegría y aceptación de los padres ante el nacimiento de sus hijos. Son los padres más jóvenes y primerizos quienes más conmocionados están frente a la experiencia de la paternidad. Las observaciones realizadas permitieron concluir que casi siempre los padres realizan un sostenimiento de sus hijos diferente al de las madres, algunas veces no suficientemente adecuado. Ello demuestra el impacto emocional que sienten frente al bebé recién nacido, expresado claramente a través de las entrevistas. Surge la fantasía del deslizamiento del bebé, de la caída del niño y de la escasa confianza en sí mismos frente a esta situación.
 

¿Cómo debería ser el rol y el proceso de involucramiento del padre en el estrecho vínculo que implica la díada madre-bebé?


Podría pensarse en el desarrollo de sus potencialidades como padre extrapolando el concepto winnicottiano de preocupación materna primaria en preocupación paterna primaria, el cual estaría determinado por diferentes factores:

• Compromiso paterno en el proceso de embarazo, parto y puerperio.

• Satisfacción en la relación de pareja.

• Influencia de las experiencias infantiles con su propio padre.

• Un rol masculino no estereotipado, que le permita participar de los cuidados del bebé sin entrar por ello en conflicto con su virilidad.

• Actitud de la madre tendiente a estimular la participación del padre.

  
¿Cómo ayuda la influencia del padre en el desenvolvimiento social del hijo?

Los estudios de Pedersen y Robson observaron a niños de ocho meses en el momento del retorno del padre al hogar. La alegría que despertaba en los hijos la presencia paterna confirma la evidencia del apego padre-bebé. Por otra parte, se comprobó que aquellos bebés que alrededor de los cinco meses de edad mantenían un estrecho contacto con el padre podían llegar a gozar de la presencia de otro adulto sin mayores dificultades. La presencia sistemática del padre desde los primeros meses del bebé estimula la relación del niño con sus padres y su propia habilidad para hacerse amigos.

 

¿La ausencia paterna trae consecuencias para el desarrollo temprano del niño/a?

Diversos estudios realizados compararon el desarrollo cognitivo de lactantes criados en familias sin padres con niños criados en familias biparentales. Los resultados demostraron que las niñas no parecieron ser afectadas por la ausencia del padre en lo que concierne al aspecto cognitivo. Mientras que, por el contrario, entre los varones los resultados fueron distintos. Se comprobaron diferencias estadísticamente significativas en cuanto al desarrollo mental. Con relación al desarrollo emocional, se demostró que la ausencia del padre es un hecho perturbador más en el varón que en las niñas.

 

Fuente: Observatorio de la maternidad

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