Bebé
1 a 3 meses

Recien Nacido

Lo Que Hay Que Saber

Lo Que Hay Que Saber

¿Es imposible que una mamá primeriza se sienta aterrada ante el despertar con llanto de su hijo recién nacido? Nada de eso; es el sentimiento más normal del mundo. Quien pasó por la experiencia de tener un bebé recién nacido a su exclusivo cuidado, sin contar con experiencia previa o ayuda experta, lo sabe.

Lo Que Hay Que Saber

¿Y el instinto maternal? Bueno, lo cierto es que si bien éste va desarrollándose desde el embarazo, con esto sólo no alcanza para prodigar los cuidados que necesita un recién nacido. Mamá e hijo tienen que conocerse más para amarse más.

Los primeros días comienza a establecerse el vínculo mamá-bebé, por eso es tan importante informarse con anticipación acerca de cuáles son los cuidados básicos e imprescindibles que necesitará el bebé recién nacido. Una mamá que acaba de dar a luz, probablemente esté extenuada física y emocionalmente. Lo más seguro es que no esté en condiciones de hacer acopio de la gran cantidad de información que recibirá de los profesionales que la atiendan inmediatamente después del parto, y sea incapaz de recordar todas las indicaciones que recibe de su obstetra -para atender a su propio cuidado- y del neonatólogo para el cuidado del bebé.

Lo primero que necesita el recién nacido es la presencia de su madre. Salvo en raras ocasiones -como un postparto muy complicado-, la mamá siempre está en condiciones de procurarle los cuidados que necesita, por lo menos una vez que obtiene el alta médica de la internación. La atención del bebé pronta y oportuna hará que esté mejor predispuesto al medio y será la clave para que se establezca una confianza básica entre ambos. La mamá se sentirá cada vez más confiada y segura en los cuidados que procura a su hijo y el bebé, por su parte también lo estará.

Procurarse ayuda para los primeros tiempos es fundamental, y ésta no necesariamente debe ser en la atención del recién nacido. En cambio, sí es  importante recibir ayuda en las tareas de la casa, para que el bebé pueda recibir la atención directa de su mamá, quien así podrá conocerlo a fondo. El contacto físico temprano con su padre lo beneficiará y podrán desarrollar una relación de mutua comprensión entre ellos más tempranamente: muchos bebés reconocen pronto la voz de su padre y también su modo de alzarlos, por lo cual es importante que el papá trate de participar activamente en el cuidado de su hijo.

Conocimientos básicos sobre el recién nacido

  • La apariencia del bebé

En los primeros días de vida, la apariencia del bebé por lo general dista mucho de ser rozagante. El pasaje por el canal de parto puede haber dejado su cabecita puntiaguda -con el paso de los días se redondea-, los ojos hinchados, o puede haber achatado su nariz. Además, quizás tenga secreciones en los ojos -porque le aplicarán gotitas para prevenir infecciones- y puntitos blancos en la cara debido a la obstrucción de las glándulas sebáceas no maduras en el recién nacido. Con el correr de los días, el bebé irá adquiriendo una nueva apariencia.

  • La alimentación

La leche materna es el mejor alimento que puede recibir un bebé recién nacido. Tiene muchas ventajas sobre la leche de fórmula -menos sales, menos grasas y proteínas y mayor cantidad de hidratos de carbono- e inmuniza al bebé, ya que le da los anticuerpos que tiene su madre para protegerse de las enfermedades. Otra ventaja es que una vez establecida la lactancia materna, es la forma más sencilla y económica de alimentar al bebé: sólo se necesita a la mamá cerca de él para que su alimentación esté asegurada.

Establecer la lactancia materna lleva su tiempo, especialmente en las mamás primerizas; por eso, en los primeros días, es una tarea que demanda tranquilidad, paciencia y mucha disponibilidad hacia el hijo. Muchas veces, se requiere asesoramiento de una puericultora para conocer las posiciones de lactancia más adecuadas para mamá y bebé y otros secretos de la práctica.

En cuanto a la frecuencia de las mamadas, esto lo regulará el bebé en los primeros días. Esta modalidad de dar el pecho se denomina “a libre demanda”. Por lo general, un recién nacido necesita alimentarse cada dos horas o dos horas y media, aproximadamente. Con el correr del tiempo, la frecuencia de las mamadas se irá distanciando y se establecerán horarios más o menos estables (una especie de rutina, aunque esto depende mucho de cada bebé).

  • El reflejo de búsqueda u “hociqueo”

Cuando a un recién nacido se le acaricia la mejilla, instintivamente abre la boca y mueve la cabeza para ambos lados. Esto se denomina “reflejo de búsqueda” porque el bebé intenta encontrar el pecho materno para alimentarse. Es conveniente apelar a este reflejo para “prenderlo” al pecho -que tome el pezón y la areola- y hay que tratar de que lo haga cuando tiene la boca más abierta (como si pronunciara una “a”).

  • Los vómitos

Serán más frecuentes en chicos que se alimentan abundantemente. Se producen porque la leche vuelve del estómago hacia el esófago y se expulsa. Si son muy frecuentes, hay que consultar al médico.

Las regurgitaciones -devoluciones más pequeñas de leche- son habituales en todos los bebés y cesan a los pocos meses de nacidos.

  • El hipo

Es un reflejo normal en los recién nacidos que desaparece con el correr del tiempo. No hay que hacer nada al respecto.

La higiene de los genitales

Los genitales de las niñas deben lavarse de adelante hacia atrás y nunca al revés. La higiene se realiza con algodón embebido en agua tibia -es adecuado, por ejemplo, cuando una deposición es muy abundante- y luego se seca bien toda la zona. El uso de algodón y óleo calcáreo es lo más conveniente cada vez que se cambie el pañal, ya que deja una película grasa sobre la piel que previene las paspaduras y evita que la humedad del pañal entre en contacto con la piel. Es conveniente consultar al neonatólogo o al pediatra cuál es el tipo de higiene que recomienda.

La higiene de los varones se realiza en forma externa -sin correr el prepucio- y con los mismos elementos que la de las niñas.

  • Pechos inflamados

Debido a las hormonas maternas durante el embarazo, tanto las nenas como los varones recién nacidos pueden tener los pechos ligeramente inflamados y un agrandamiento de las tetillas. Y hasta pueden tener una secreción láctea. Pero con el correr de los días, desaparece la inflamación. Ante cualquier duda, lo más recomendable es consultar con el médico.

  • El baño

Hasta que se le caiga el cordón, el bebé no puede recibir baños de inmersión. Hasta entonces, lo adecuado será higienizarlo por partes -sin mojar el cordón- con un algodón empapado en agua tibia y jabón neutro o del modo que su pediatra recomiende. Es importante secarlo bien en todos sus pliegues.

Una vez que pueda recibir baños de inmersión, hay que recordar algunas pautas:

  • el lugar de la casa para bañarlo será aquel que sea el más cómodo para maniobrar con él, que sea cálido y agradable: habitualmente se elige la cocina o el baño.
  • nunca hay que dejar al bebé solo en la bañera.
  • hay que destinar un jabón neutro para su exclusivo cuidado.
  • no hay que calefaccionar excesivamente la habitación para que no sufra el cambio de temperatura.
  • la temperatura del agua debe ser tibia y hay que probarla previamente con el codo o el antebrazo.
  • antes de comenzar a bañarlo y desvestirlo, asegurarse de tener todos los elementos necesarios a mano, inclusive toda la ropa limpia con la cual se lo vestirá.
  • se debe usar un shampoo neutro y suave.
  • el horario para el baño depende de la comodidad de la mamá, aunque por el bebé es conveniente hacerlo a la tarde o noche, antes de dormir. De esa manera, al lograr relajarlo, se favorece su descanso nocturno.

 

  • La limpieza de los oídos del bebé

No deben limpiarse los oídos por dentro. Sí, en cambio el pabellón externo, detrás de las orejas y la parte externa del orificio del conducto auditivo. Pero no se debe introducir un hisopo ni ningún otro elemento dentro de este orificio.

  • El pelo del bebé

El pelo con el que nace el bebé es muy finito y habitualmente lo cambia luego por otro más fuerte. Si se lo corta, crece con más fuerza. El pelarlo es una costumbre que no afecta a su salud, siempre y cuando realice el corte una persona experta y el bebé tenga un peso mínimo que le permita conservar el calor corporal.

  • La costra láctea

Muchas veces al bebé se le forma en la cabeza una especie de caspa, llamada “costra láctea”. Es una secreción de las glándulas seborreicas, que puede aparecer tanto en el cuero cabelludo como detrás de las orejas o en las cejas. El aceite de almendras puede ayudar a que se despeguen más fácilmente -no hay que intentar hacerlo con las uñas, sino con un algodón embebido y siguiendo las pautas del pediatra-.

  • Los gases

Es habitual en el recién nacido el problema de la expulsión de gases, ya que como no tiene bien asimilado el proceso de deglución, traga aire al alimentarse y después le cuesta expulsarlo. Una práctica habitual es hacerle hacer el provechito después de tomar el pecho. Esto lo tranquilizará y le evitará la distensión abdominal.

Una tendencia habitual para expulsar los gases consiste en hacerle practicar al bebé, flexiones de piernas -bicicleta- que hagan presión sobre el abdomen. Otra posición que ayuda es colocar al bebé en posición vertical, con su panza apoyada en el pecho del adulto y acariciar su espalda, realizando una suave presión sobre ésta.

  • Alzar al bebé

Siempre es necesario que el bebé encuentre un buen sostén para su cabeza, que es muy pesada y no se sostiene sola. Si está acostado, hay que deslizar una de las manos bajo su nuca y espalda, mientras que con la otra se sostienen sus nalgas. La cabeza del bebé debe encontrar apoyo en el hueco formado por el brazo flexionado de quien lo sostiene.

Abrazarlo contra el cuerpo de su madre o de su padre puede ser una posición muy cómoda para él y en la que pronto hallará tranquilidad. Es importante que desde chiquito encuentre y reconozca hábitos de comodidad -procurados por sus padres-, porque esto hará que en situaciones de llanto o de intranquilidad, se calme más rápidamente cuando se le ofrece esa postura.

  • Las uñas

Si estuvieran muy largas, se le pueden limar o cortar con una tijera (mejor si tiene las puntas redondeadas) para evitar que el bebé se rasguñe con ellas. Antes de proceder al corte, conviene separar la piel de la yema de sus dedos, para que la uña se presente independiente de la piel ante el corte. Cualquier lastimadura que se produzca en el bebé corre el riesgo de sufrir una infección y los recién nacidos tienen pocas defensas contra ellas.

  • Las deposiciones

Durante las primeras deposiciones, el recién nacido expulsará meconio -es una pasta de color negro y pegajosa- que se elimina completamente a los pocos días del nacimiento, generalmente, durante la estadía en el sanatorio. Luego, un bebé alimentado a pecho, tendrá deposiciones color mostaza o verdoso, brillantes y pastosas. La frecuencia de éstas varía, pero normalmente luego de cada mamada se presenta una deposición, por el reflejo gastrocólico. Si en cambio fuera alimentado con leche de fórmula, las deposiciones serán blanquecinas, más duras y menos frecuentes, por la tendencia de las leches artificiales a provocar constipación.

  • El cambio de pañal

El cambio de pañal debe realizarse siempre que el bebé haya hecho una deposición y después de cada mamada (aproximadamente cada 3 o 4 horas). Si de noche no tuvo deposiciones, hay que evitar cambiarlo, para que vaya acostumbrando su pauta de sueño a reconocer el día y la noche (y pronto logre dormir más de noche que de día).

  • El cuidado del cordón

El cordón umbilical se cae aproximadamente a partir del décimo día de vida. Hasta entonces, hay que limpiarlo diariamente y en cada cambio de pañal con una gasa embebida en alcohol, lo que lo desinfectará y ayudará a que se caiga más rápido. Pero nunca hay que dejarle el algodón con alcohol pegado al ombligo, porque se puede intoxicar al bebé.

  • El sueño

Un recién nacido duerme alrededor de 16 horas diarias. Por eso, los primeros días, para las visitas es muy difícil encontrarlos despiertos. Cuando se despierta -cada dos, tres o cuatro horas- lo hace para alimentarse y luego vuelve a dormirse.

  • El lugar de dormir

Se considera que el recién nacido debe dormir en la habitación de sus padres, por lo menos, los primeros tres meses y como máximo hasta los seis meses de edad, aunque estos tiempos están sujetos al criterio de su pediatra. En los primeros tiempos, esto facilitará a la mamá el acceso rápido al bebé, en caso de que éste la necesite.

  • La posición de dormir

El bebé tiene que dormir panza arriba porque es una de las formas de prevenir la muerte súbita.

  • La vestimenta del bebé

La ropa del bebé debe ser cómoda para ponérsela, con cuellos anchos -con botones o aberturas, porque su cabeza es todavía muy grande- y que le permita moverse con libertad. Las telas adecuadas son las de fibras naturales, como el algodón (o mezcla, pero con preponderancia de algodón), especialmente las que se colocan sobre su piel.

Los primeros días deberá usar un gorrito de algodón para conservar mejor la temperatura corporal -el calor se escapa por la gran superficie descubierta que es su cabecita-.

  • El abrigo

Si bien siempre es necesario que el bebé recién nacido tenga una manta además de su vestimenta para protegerlo en toda estación, el abrigo necesario será aquel que le permita conservar su temperatura corporal. Para saber si ésta es la adecuada, bastará con colocar la mano sobre su espalda cerca de la nuca. Si ese lugar está tibio, su temperatura es la adecuada; en cambio, si está transpirando el abrigo es excesivo. La temperatura de sus extremidades -manos y pies- nunca es una señal de que esté pasando frío ya que los primeros días sus extremidades estarán más frías que el resto de su cuerpo.

Los paseos


Si el pediatra lo autoriza, un bebé, a los pocos días de nacido ya puede hacer paseos breves, pero siempre evitando los lugares de gran concentración de gente, como los shoppings, supermercados o las reuniones muy concurridas. Esto es así porque hay mayores probabilidades de que en esos espacios se encuentren más gérmenes y probabilidades de que lo toquen o se sienta molesto, además de contagiarse de alguna enfermedad (por ejemplo, resfriarse en lugares encerrados con mucha gente, en época invernal). Lo más adecuado es que siempre vaya en su cochecito, un corto paseo por una plaza tranquila. El beneficio será, por partes iguales, para la mamá y el bebé.

Las caídas

La caída más frecuente de un bebé chiquito es la del cambiador -porque no se ha previsto que pueda voltearse, por ejemplo-. Si el bebé es muy inquieto, conviene siempre asegurarse de que en cualquier lugar donde se lo deje, también se le coloquen defensas a los costados, como almohadones. Si el moisés tiene poca estabilidad, éste también será un peligro potencial para una caída, pero nada mejor que la mirada cuidadosa de los padres para prever los posibles accidentes.

El test de Apgar y otras pruebas médicas

El test de Apgar consiste en una serie de pruebas que se le efectúan al recién nacido y se evalúan según un puntaje ya establecido. Se evalúa el ritmo cardíaco -la fuerza y regularidad de los latidos-, la respiración -la madurez de los pulmones-, el tono muscular del bebé -según cómo se mueva-, el color de la piel -mide la oxigenación de la sangre que logran los pulmones- y los reflejos -su respuesta a distintos estímulos-. Cada uno de estos ítems merece el puntaje de 2 si la respuesta del bebé es óptima, 1 o 0 son los otros puntajes posibles. La prueba se toma al minuto del nacimiento y, por segunda vez, a los 5 minutos, para ver si el bebé ha reaccionado bien en su adaptación a su nuevo medio. Por eso, los resultados se expresan en dos cifras -la que corresponde al primer minuto y la calificación a los 5 minutos de vida-: de 7-10 a 9-10 puede ser el resultado de un bebé normal. Una puntuación por debajo de 7 en el primer minuto requiere oxígeno o tiempo para que el bebé libere, gracias al llanto, el líquido amniótico que tenga en los pulmones, por ejemplo. Un puntaje por debajo de 4 requiere un esfuerzo médico inmediato y máximo. Por eso, se toma una segunda prueba a los 5 minutos, cuando el bebé -por sí solo o gracias a la pronta ayuda de los médicos- se habrá adaptado satisfactoriamente a su nuevo medio.

El neonatólogo revisará sus proporciones y sus rasgos físicos, también su columna vertebral, registrará el paso o retención de la orina y las deposiciones y sus extremidades. También lo pesará, medirá la circunferencia del cráneo y su largo de la cabeza a los pies. Corroborará que sus caderas estén ubicadas correctamente y no haya luxación.

Al segundo día de vida, un pinchazo en el talón se convierte en una prueba fundamental para asegurar la salud del bebé recién nacido. La muestra de sangre extraída permitirá realizar el test de metabolopatías (trastornos metabólicos). En caso de padecer alguna afección el tratamiento debe comenzar a los pocos días de vida por lo cual es importante obtener los resultados lo antes posible.

Las enfermedades detectadas por este test pueden ser:

  • Hipotiroidismo congénito: ausencia total o parcial de la hormona tiroidea.
  • Fenilcetonuria: incapacidad del organismo para transformar un aminoácido o componente de las proteínas (como las de la leche).
  • Hiperplasia suprarrenal congénita: pueden ser distintos trastornos provocados por la ausencia de la síntesis de cortisol, que es una hormona producida por las glándulas suprarrenales.

A las 24 horas, el pediatra le hará un examen más extenso que incluirá el chequeo del peso y las medidas de la cabeza (puede haber alguna variación respecto de la medida inicial, ya que puede haber pasado la influencia del pasaje por el canal de parto, cuando los huesos de la cabeza del bebé que no están soldados se adaptan a él) y de longitud. También comprobará los latidos del corazón y la respiración, palpará los órganos internos del recién nacido -riñones, hígado y bazo-, chequeará sus reflejos, revisará sus extremidades, los órganos genitales y el cordón umbilical.

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